Italia retira su apoyo a Infantino y agrava la fractura de la FIFA

La candidatura de Gianni Infantino para continuar al frente de la FIFA en 2027 acaba de perder otro respaldo de peso. La Federación Italiana de Fútbol retiró oficialmente su apoyo y decidió alinearse con la UEFA frente a las recientes controversias sobre gobernanza, calendario y modelo de gestión. Italia se suma así a Inglaterra, Escocia, Dinamarca, Nueva Zelanda y otras federaciones que ya se habían distanciado del presidente. La señal política es cada vez más difícil de maquillar: Infantino mantiene aliados, pero también acumula rupturas en una organización que debería mostrar estabilidad y que hoy proyecta división.

La FIGC, para justificar su decisión, invocó una idea de fútbol basada en el mérito, la solidaridad, la sostenibilidad y la centralidad de los aficionados. El mensaje no es de menor importancia. En realidad, cuestiona de manera indirecta el rumbo de una FIFA que en los últimos meses quedó atrapada en la controversia por el intento de abrir a inversores privados una participación vinculada a los derechos comerciales del Mundial. El proyecto fue retirado, pero el daño político permanece. Cuando una iniciativa fracasa y, aun después de ser archivada, continúa provocando deserciones, el problema ya no es el proyecto: es la confianza en quien lo impulsó.

Italia tampoco se mueve sola. UEFA, AFC y Concacaf han expresado contundentes cuestionamientos a Infantino, mientras que varias federaciones europeas y de otras regiones han retirado su respaldo. Frente a ello, Conmebol y CAF han decidido sostenerlo, al igual que algunas figuras del fútbol mundial. El mapa queda cada vez más claro: no estamos ante una discusión técnica, sino ante una verdadera batalla política por el futuro de la FIFA.

Y aquí aparece la paradoja. Infantino llegó al poder prometiendo reformas después de la crisis que sacudió a la FIFA en 2015. Una década después, el organismo vuelve a discutir transparencia, concentración de poder, gobernanza y confianza. El decorado cambió; las preguntas incómodas siguen siendo demasiado parecidas.

La decisión italiana no define por sí sola la elección de 2027, pero sí aumenta la presión sobre una presidencia que necesita demostrar que todavía puede unir a las 211 federaciones. Cada apoyo perdido reduce el margen para seguir presentando la crisis como una mera disputa entre dirigentes.

Reflexión final
El poder institucional puede sobrevivir con votos. La legitimidad necesita algo más: confianza. Italia acaba de retirar la suya.
Y cuando cada semana aparece una nueva federación dispuesta a decir “hasta aquí”, la pregunta ya no es cuántos respaldos conserva Infantino, sino cuántos más está dispuesto a perder antes de admitir que la FIFA no está atravesando una polémica pasajera. Está atravesando una fractura. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).

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