La crisis de Gianni Infantino acaba de cruzar una frontera mucho más delicada. Ya no estamos únicamente ante comunicados de rechazo, federaciones que retiran respaldos o dirigentes que reclaman su salida. La UEFA ha decidido avanzar por la vía penal contra el presidente de la FIFA por su intento de abrir al capital privado parte del gigantesco negocio asociado a los Mundiales y otras competiciones. El controvertido proyecto FIFA Forward Enterprise fue retirado, pero el escándalo no desapareció con él. Al contrario: ahora será la justicia la que deberá determinar si detrás de aquella operación existieron responsabilidades penales.
Según documentos consultados por BBC Sport, la UEFA prepara una denuncia en Suiza por presunta “mala gestión criminal” y busca obtener documentación de empresas vinculadas a FIFA en Estados Unidos. La acusación sostiene que el proyecto habría sido desarrollado por Infantino y un reducido círculo sin consultar previamente al Consejo de la FIFA, las confederaciones ni las 211 asociaciones miembro. Además, cuestiona que una operación de semejante magnitud pudiera avanzar sin una valoración independiente y sin un procedimiento abierto y competitivo. No estamos hablando de vender camisetas ni espacios publicitarios: estaba en discusión la participación privada permanente en una estructura relacionada con algunos de los activos comerciales más valiosos del fútbol mundial.
La propuesta contemplaba captar US$4.200 millones mediante inversores minoritarios sobre una valoración aproximada de US$20.000 millones. La FIFA sostuvo que el Mundial no estaba en venta y que los recursos permitirían aumentar sustancialmente los fondos destinados a las federaciones. La UEFA plantea algo mucho más grave: que la operación habría podido beneficiar a Infantino y a potenciales inversores en perjuicio de la institución. Esa es una acusación que tendrá que probarse ante las autoridades competentes y frente a la cual corresponde respetar plenamente la presunción de inocencia.
Pero políticamente el daño ya está hecho. Resulta difícil comprender que una transformación multimillonaria relacionada con el patrimonio comercial del fútbol mundial pueda siquiera plantearse sin un debate transparente, estudios independientes y participación efectiva de quienes integran FIFA. El fútbol mundial no es una empresa privada del presidente de turno ni sus Mundiales deberían administrarse como activos disponibles para experimentos financieros decididos desde una oficina.
Retirar FIFA Forward Enterprise evitó que el proyecto continuara, pero no borró cómo nació ni las interrogantes que dejó. La UEFA quiere que esas preguntas abandonen los pasillos del poder futbolístico y lleguen ahora a los tribunales.
Reflexión final
La justicia determinará si existieron delitos y responsabilidades individuales. Pero la crisis institucional ya deja una advertencia: cuando administrar el fútbol comienza a confundirse con disponer de él, los controles dejan de ser una molestia y se convierten en una obligación.
Infantino quería convencer al fútbol de las bondades del capital privado. Ahora tendrá que convencer a las instituciones de que su actuación respetó las reglas. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).
