El Niño amenaza al país con 82% de hospitales vulnerables

El Perú enfrenta una contradicción que debería resultar inadmisible: los hospitales llamados a salvar vidas durante una emergencia son, en su mayoría, vulnerables frente a esa misma emergencia. Según la Hoja de Ruta de Establecimientos de Salud Seguros ante Emergencias y Desastres del Minsa al 2030, solo 18% de los hospitales e institutos evaluados tiene alta probabilidad de continuar funcionando ante un desastre. El otro 82% requiere intervenciones de corto plazo o urgentes.

La cifra no es solo preocupante. Es una radiografía de años de postergación. Y llega justo cuando el país se prepara para amenazas asociadas a El Niño, lluvias intensas, huaicos, inundaciones, sismos, tsunamis y otros eventos capaces de golpear simultáneamente a varias regiones.

Un hospital vulnerable no es únicamente un edificio en riesgo. Es una emergencia dentro de otra emergencia. Si pierde electricidad, agua, comunicaciones, quirófanos, medicamentos o accesos, deja de responder cuando más pacientes necesitan atención.

El propio Minsa reconoce obstáculos conocidos: presupuesto limitado, alta rotación de personal capacitado, dificultades para acceder a información, intervenciones mal ejecutadas y limitaciones para reducir riesgos. En otras palabras, el diagnóstico está hecho y las excusas también.

El panorama es todavía más delicado porque existen 8.279 establecimientos del primer nivel de atención, equivalentes al 97,87% del total. Muchos operan en zonas rurales y periféricas, precisamente donde un huaico, una inundación o un deslizamiento puede cortar carreteras y dejar comunidades aisladas.

El especialista Omar Neyra advierte que “no estamos a tiempo de corregir” todas las deficiencias estructurales antes de una emergencia significativa. Por eso plantea hospitales móviles, sistemas logísticos ágiles, abastecimiento de medicamentos y puntos alternativos de atención. La afirmación debería incomodar: hemos esperado tanto que ahora la estrategia consiste, en parte, en prepararnos para cuando la infraestructura falle.

Y mientras tanto, los planes trazados contemplan el 2030. El Niño, los sismos y las inundaciones no tienen obligación de respetar ese calendario.

El Gobierno debe acelerar intervenciones en hospitales críticos, asegurar servicios básicos redundantes, medicamentos, personal, comunicaciones y planes de contingencia reales. La resiliencia hospitalaria no puede seguir siendo una meta futura cuando el riesgo es presente.

Reflexión final
Un país puede soportar carreteras dañadas o edificios cerrados durante una emergencia. Lo que no puede permitirse es que también colapsen sus hospitales. Si el 82% de los establecimientos evaluados no ofrece seguridad óptima, el problema ya no es solo el desastre que podría venir. Es el desastre institucional que permitió llegar hasta aquí. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).

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