A menos de un mes de las elecciones municipales del 4 de octubre, Lima observa una carrera encabezada por dos candidatos, seguida por un pelotón distante y vigilada por una multitud que todavía no sabe a quién entregar su voto. La reciente encuesta del Instituto de Estudios Peruanos (IEP) no presenta un ganador definido: revela una capital políticamente fragmentada, desconfiada y poco convencida por su extensa oferta electoral.
Rafael López Aliaga, de Renovación Popular, encabeza la intención de voto con 20,1%, mientras Carlos Bruce, de Somos Perú, alcanza el 17,1%. La diferencia es de tres puntos porcentuales, prácticamente equivalente al margen de error reportado de ±2,8%. En términos políticos, la competencia continúa abierta y cualquier proclamación anticipada tendría más entusiasmo partidario que sustento estadístico.
Muy por detrás aparecen Francis Allison, con 4,7%, y Daniel Urresti, con 4,1%. Susel Paredes obtiene 1,8%; Alberto Tejada, 1,7%; y Ricardo Belmont, 1,2%. Los demás candidatos se encuentran por debajo del 1% o no recibieron menciones. La cédula electoral será abundante en nombres, aunque la encuesta demuestra que cantidad no significa necesariamente conexión con la ciudadanía.
Pero el dato más importante no está solamente en los primeros lugares. El 17,6% aún no decide su voto; el 11,7% no sabe o no precisa; y el 5,1% asegura que no conoce a los candidatos. Además, un 8,3% no votaría por ninguno. La indecisión, el desconocimiento y el rechazo conforman una fuerza electoral mucho más poderosa que varios partidos juntos.
Esta radiografía debería avergonzar a una campaña más preocupada por la propaganda, las disputas personales y el posicionamiento en redes que por explicar cómo resolverá los problemas metropolitanos. Lima continúa atrapada entre el transporte caótico, la inseguridad, el crecimiento desordenado, las obras inconclusas y la falta de autoridad. Sin embargo, demasiados candidatos todavía ofrecen frases donde se necesitan planes, fotografías donde se exigen equipos y promesas donde deberían existir presupuestos.
La intención de voto muestra a López Aliaga y Bruce en una competencia cerrada, pero ninguno supera la quinta parte de las preferencias. La elección permanece abierta y el electorado indeciso podría modificar completamente el resultado.
Reflexión final
Una encuesta no entrega credenciales: solo toma una fotografía del momento. La verdadera alarma no es quién aparece primero, sino cuántos limeños todavía no encuentran a quién creerle. Si la campaña no mejora, Lima podría terminar eligiendo no al mejor candidato, sino al menos desconocido entre demasiadas dudas. Fuente informativa: RPP–Encuesta IEP. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).
