FPF: Exigir un Sub-23 en Liga 1 no soluciona el problema, es engaño

Poner obligatoriamente en la Liga 1 a un sub-23 que arrastra una formación deficiente no resuelve el problema: lo expone. Tendrá más minutos, pero jugar más no significa aprender mejor ni superar automáticamente sus limitaciones. El error de planificación de la FPF consiste en confundir una oportunidad de participación con una solución formativa. Agustín Lozano puede exigir una presencia en cancha; no fabricar mediante un reglamento las capacidades que debieron construirse desde la infancia.

La disposición prevista desde 2027 garantiza un espacio para el sub-23. Sin embargo, si ese futbolista tiene dificultades para controlar, perfilarse, interpretar movimientos o decidir bajo presión, necesita enseñanza especializada. Los partidos permiten evaluar esas capacidades y desarrollarlas cuando existe un trabajo adecuado. Por sí solos, no reparan las carencias.

Es como enviar directamente a una persona a la universidad sin haber pasado por inicial, primaria y secundaria, y esperar que asistir a clases compense todas las etapas omitidas. La matrícula estará registrada, pero la preparación seguirá pendiente. Después se reprobará al estudiante, mientras quienes debieron garantizar su educación reclamarán mejores resultados.

Ese es el absurdo que debe evitar el fútbol peruano. El jugador no es responsable de la enseñanza que nunca recibió. A los 23 años todavía puede mejorar; lo que no puede prometerse seriamente es que acumular encuentros sustituirá años de formación. Sin diagnóstico, metodología y acompañamiento, puede terminar la temporada con más apariciones y las mismas dificultades.

La falla de enfoque está en intervenir al final de la cadena sin reconstruir sus bases. Una selección competitiva necesita futbolistas preparados, no una estadística de participación juvenil. Cumplir una cuota tampoco demuestra que los clubes estén formando mejor: pueden contratar jugadores de la edad exigida y mantener intactas sus deficiencias institucionales.

La FPF debe explicar qué cambiará para el niño que comienza hoy. Necesita formación accesible en las regiones, entrenadores especializados, competencias continuas y atención integral. Si la respuesta se limita a quién jugará el domingo, la planificación sigue llegando tarde.

El Perú necesita un Plan Nacional de Desarrollo del Fútbol al 2050, inclusivo, descentralizado y con metas públicas. Su conducción exige profesionales competentes y responsables evaluables. La norma Sub-23 puede acompañarlo; no reemplazarlo.

Reflexión final
El joven merece preparación y oportunidades, no convertirse en la coartada de una reforma insuficiente. Exigirle calidad internacional después de postergar su formación traslada la factura al vestuario. La FPF debe dejar de medir su gestión por las obligaciones que impone y responder por las capacidades que construye. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).

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