Okada reprueba a su federación y rechaza la continuidad de Infantino

Takeshi Okada le puso un límite a la conveniencia: dejó la vicepresidencia de la Federación Japonesa de Fútbol antes de acompañar una postura incompatible con sus principios. El técnico que dirigió a Japón en dos mundiales cuestionó las actuaciones alrededor del Mundial y se apartó cuando la Confederación Asiática respaldó la reelección de Gianni Infantino. Su renuncia constituye una reprobación al alineamiento institucional: entender sus razones no significa aprobarlas.

La federación japonesa anunció el 28 de octubre que Okada había dimitido con efecto desde el día 24. En su declaración, defendió la integridad del deporte y explicó que existía una distancia inaceptable entre sus convicciones y las decisiones relacionadas con el Mundial. Reconoció razones prácticas para seguir la postura asiática, pero decidió no acompañarla desde el cargo.

Ahí está la fuerza de su gesto. No necesitó atribuir delitos ni lanzar insultos. Expresó una discrepancia y asumió su costo. Su federación deberá explicar su posición; él dejó claro que no estaba dispuesto a respaldarla con su permanencia.

La AFC había cuestionado a Infantino por el fallido proyecto de incorporar inversores privados al negocio de las competiciones. Después apoyó su continuidad. Ese giro exige explicaciones: ¿qué cambió?, ¿qué garantías se obtuvieron?, ¿cómo se reconstruyó la confianza? Una adhesión electoral no puede funcionar como respuesta a todas esas preguntas. abcnews.com

Infantino puede celebrar respaldos, pero una mayoría no certifica buena gestión. Los votos sirven para elegir; los documentos, para rendir cuentas. Confundir ambas cosas permite presentar fortaleza política donde todavía se necesitan explicaciones institucionales.

La decisión de Okada también incomoda a quienes convierten cualquier desacuerdo en un asunto de oportunidad. Las relaciones internacionales importan. Los proyectos de desarrollo también. Precisamente por eso deben sostenerse en reglas transparentes, capaces de sobrevivir a una discrepancia con el presidente.

El fútbol suele pedir carácter a sus entrenadores y obediencia a sus dirigentes. Okada ejerció ese carácter fuera del banquillo: decidió que conservar un puesto no justificaba silenciar sus convicciones.

La federación japonesa y la AFC deben fundamentar su respaldo. Infantino debe responder por su gestión. Ninguno puede utilizar la disciplina institucional para volver innecesaria la discusión. La discrepancia razonada también protege al fútbol.

Reflexión final
Okada no podía decidir por todas las federaciones, pero sí por su propia permanencia. Renunció. Su gesto recuerda que un cargo tiene responsabilidades y límites. Cuando los principios solo aparecen en ceremonias y desaparecen al negociar apoyos, dejan de orientar la gestión y terminan adornándola. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).

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