Puno advierte a Keiko: las heridas no se cierran con visitas oficiales

Keiko Fujimori debería escuchar la advertencia antes de preparar el recibimiento. Autoridades y representantes de Puno sostienen que no existen condiciones políticas y sociales para su visita y reclaman disculpas por el respaldo del fujimorismo al gobierno de Dina Boluarte. La presidencia permite organizar un desplazamiento; no garantiza confianza ni bienvenida. Confundir ambas cosas sería otro error de lectura política.

César Hugo Tito Rojas, Moisés Chipana y Bladimir Soncco han expresado cuestionamientos y exigencias de desagravio. Sus declaraciones no representan automáticamente a toda la población puneña, pero tampoco pueden despacharse como una incomodidad protocolar. Detrás existe una demanda de reconocimiento que ninguna comitiva debería pretender resolver aumentando la seguridad o cambiando el itinerario.

Juliaca carga con el recuerdo de las muertes del 9 de enero de 2023. La CIDH advirtió que en esos acontecimientos se habrían producido situaciones de uso excesivo e indiscriminado de la fuerza, con graves violaciones de derechos humanos. Las responsabilidades individuales deben establecerse mediante investigaciones y procesos judiciales; la obligación política de escuchar no necesita esperar una sentencia.

Fujimori debe responder al cuestionamiento sobre el respaldo político de su organización a Boluarte. La memoria no desaparece porque cambió la ocupante de Palacio. Pedir que una región reciba cordialmente a una autoridad sin atender sus reclamos equivale a exigir reconciliación con horario impuesto desde Lima. Muy práctico para la agenda oficial; bastante insuficiente para los deudos.

Una visita insistente, sin preparación ni interlocución genuina, podría agravar la confrontación. También abriría el riesgo de convertir el rechazo en un relato de victimización presidencial. No corresponde atribuir anticipadamente esa intención a Fujimori. Sí advertir que el centro del debate debe seguir siendo las víctimas y sus derechos, no la incomodidad de quien desea ser recibida.

El Gobierno tiene la responsabilidad de atender a Puno aunque encuentre oposición. Las obras, los servicios y el presupuesto no son premios por brindar aplausos. Tampoco la protesta pacífica autoriza amenazas o agresiones. El respeto debe sostener tanto el derecho a cuestionar como la obligación estatal de servir.

Antes de anunciar una llegada, corresponde abrir canales con los familiares, escuchar a las organizaciones y responder con compromisos verificables sobre justicia y reparación. Las disculpas tienen valor cuando reconocen el daño y acompañan acciones. Utilizarlas como trámite para habilitar una fotografía las vaciaría de sentido.

Reflexión final
Puno no necesita demostrar hospitalidad para merecer atención. Fujimori necesita demostrar capacidad de escuchar para reconstruir confianza. Llegar puede resolverse con transporte y seguridad. Acercarse exige algo que ningún helicóptero proporciona: respeto. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).

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