Trujillo, la ciudad donde César Acuña construyó su ascenso político, decidió darle la espalda en las elecciones 2026. Con el 100% de las actas procesadas por la ONPE en la capital liberteña, el líder de Alianza para el Progreso obtuvo apenas 16.023 votos, equivalentes al 2,82%, y quedó en el duodécimo lugar. La cifra no es solo una derrota electoral: es una señal política demoledora para un proyecto que durante años se presentó como maquinaria invencible en La Libertad.
El golpe es más duro porque Acuña no perdió únicamente frente a los favoritos nacionales. Fue superado incluso por candidatos de partidos que tampoco lograron superar la valla electoral, como Un Camino Diferente, País para Todos, SiCreo, Primero la Gente y el Partido Aprista Peruano. En correcto castellano político: el bastión se volvió territorio ajeno. El fundador de APP ya no fue profeta en su tierra; fue un candidato más, debilitado, desplazado y castigado por una ciudadanía que parece haber perdido la paciencia.
Durante años, Acuña convirtió Trujillo y La Libertad en plataforma de poder. Fue alcalde, gobernador, candidato presidencial y jefe de una organización construida alrededor de su figura. Pero esa fortaleza tenía una debilidad evidente: APP siempre pareció más un partido personalista que una institución política con cuadros sólidos, renovación interna y proyecto nacional consistente. Cuando todo gira alrededor de un nombre, la caída de ese nombre arrastra a toda la estructura.
El dato más simbólico es que Rosario Fernández, de Un Camino Diferente, vinculada a una familia rival en la política trujillana, obtuvo mejor desempeño en la ciudad. A eso se suma que APP no alcanzó la valla electoral y perdería su inscripción, un desenlace que desnuda la fragilidad de una agrupación que confundió presencia territorial con legitimidad permanente.
No se trata de celebrar la caída de nadie, sino de leer el mensaje ciudadano. Trujillo parece haber dicho basta a una forma de hacer política basada en clientelas, cálculo, control regional y liderazgo sin sucesión visible. El politólogo Martín Ueda advirtió que APP tendrá que reconstruir su maquinaria o que Acuña deberá mantener un perfil bajo, precisamente porque el partido depende casi por completo de él.
La derrota de César Acuña en Trujillo no es un tropiezo menor. Es el derrumbe simbólico de una marca política que creyó tener propiedad sobre su bastión histórico. Los votos demostraron lo contrario: ninguna ciudad le pertenece eternamente a un caudillo.
Reflexión final
Cuando un partido se construye alrededor de una sola persona, termina envejeciendo con ella. Trujillo no solo votó contra Acuña; votó contra la idea de que el poder regional puede heredarse, administrarse y repetirse sin rendir cuentas. (Foto: caretas.pe).
