El Jurado Nacional de Elecciones proclamará este domingo 17 de mayo los resultados oficiales de la primera vuelta presidencial 2026. Según el conteo de la ONPE, Keiko Fujimori, de Fuerza Popular, y Roberto Sánchez, de Juntos por el Perú, pasarán a la segunda vuelta. La noticia debería cerrar una etapa con serenidad institucional. Sin embargo, en el Perú, hasta la proclamación de resultados llega envuelta en tensión, sospechas, reclamos y una ciudadanía que mira al sistema electoral con más dudas que certezas.
El presidente del JNE, Roberto Burneo, ha señalado que su institución trabaja “sin pausa” para cumplir cada etapa del proceso con transparencia, serenidad y rigurosidad. La frase es correcta, pero el país necesita algo más que declaraciones solemnes. Después de semanas de actas observadas, recuentos, denuncias, pedidos de nulidad y versiones cruzadas, la transparencia no puede limitarse a una conferencia pública. Debe traducirse en información completa, pedagogía electoral y respuestas claras para una ciudadanía agotada de esperar.
La secretaria general del JNE, Yessica Clavijo, informó que los Jurados Electorales Especiales tenían plazo hasta el sábado 16 de mayo para proclamar los resultados presidenciales en sus circunscripciones. Hasta ese momento, 47 de los 60 JEE ya habían cumplido con esa tarea. Es decir, la proclamación nacional llega luego de una carrera contrarreloj que, aunque legal, ha dejado al descubierto la fragilidad comunicacional del sistema electoral.
La ONPE, por su parte, ya prepara la segunda vuelta del 7 de junio: impresión de cédulas, actas, padrones y distribución del material electoral dentro y fuera del país. También ha anunciado reuniones para corregir fallas de la primera vuelta. Bien por la corrección, pero la pregunta cae sola: ¿por qué el Estado peruano siempre promete mejorar después del tropiezo, cuando el daño a la confianza ya está hecho?.
Además, el JNE anunció que el día de la proclamación se informará sobre un comité de expertos que acompañará la evaluación de los sistemas electorales. Esa medida puede ser útil, siempre que no termine siendo una fotografía institucional para calmar titulares. El país necesita control técnico real, no adornos de transparencia.
La proclamación del 17 de mayo no debe ser un acto protocolar más. Debe ser una rendición de cuentas ante un país que exige certezas, no frases de manual. La segunda vuelta necesita nacer con legitimidad, no bajo una nube de sospecha.
Reflexión final
El Perú no puede llegar al 7 de junio arrastrando dudas mal resueltas. Porque cuando los resultados se proclaman tarde, se explican poco y se defienden con discursos, la democracia no se fortalece: apenas sobrevive. (Foto: Infobae).
