La encuesta de Ipsos para Perú21 revela un dato políticamente incómodo: el 41% de ciudadanos cree que Antauro Humala es aliado de Roberto Sánchez y que podría formar parte de un eventual gobierno de Juntos por el Perú. El candidato insiste en negar una alianza formal, pero una parte significativa del electorado no parece convencida. En una segunda vuelta marcada por la desconfianza, esa percepción pesa tanto como una declaración pública.
El dato se vuelve más significativo en Lima, donde el 48% considera que Sánchez y Humala son aliados. Esto demuestra que los deslindes del candidato no han logrado cerrar la duda. En política, no basta con decir “no hay compromiso”; también hay que explicar por qué una parte tan amplia de la ciudadanía percibe lo contrario. Las campañas no solo se construyen con discursos, sino también con compañías, gestos, silencios y señales.
La preocupación ciudadana tiene una razón evidente. Antauro Humala carga con una trayectoria controversial, marcada por el Andahuaylazo y por un discurso político confrontacional que genera rechazo en amplios sectores. Por eso, según Ipsos, el 66% de encuestados considera que su eventual participación en un gobierno de Sánchez sería negativa para el país. La cifra no puede ser ignorada ni minimizada como simple ataque electoral.
Más delicado aún es lo que ocurre dentro del propio electorado de Sánchez. Un 45% de quienes votaron por él cree que el aporte de Humala sería positivo. Ese dato revela que la cercanía no solo preocupa a sus adversarios, sino que también es vista con expectativa por parte de algunos simpatizantes. Allí está el dilema: mientras Sánchez intenta marcar distancia, una parte de su base parece validar esa influencia.
El país necesita claridad antes de votar. Si Antauro Humala no tendrá ningún rol político, técnico, programático o simbólico en un eventual gobierno de Juntos por el Perú, Sánchez debe decirlo sin rodeos. Y si lo tendrá, también debe reconocerlo. Lo que no corresponde es administrar la ambigüedad hasta después de las urnas.
La encuesta coloca a Roberto Sánchez frente a una definición urgente. No se trata solo de responder a sus adversarios, sino de respetar el derecho ciudadano a saber quiénes podrían influir en el poder.
Reflexión final
Una elección presidencial no solo elige a quien se sienta en Palacio. También abre la puerta a su entorno. Y cuando una alianza genera tanta inquietud, el silencio deja de ser estrategia y empieza a parecer cálculo. (Foto: lacajanegra.blog).
