El Mundial 2026 todavía no empieza y ya enfrenta una pregunta delicada: ¿habrá presencia de ICE durante el torneo? Hasta el 19 de mayo de 2026, las autoridades federales de Estados Unidos no han confirmado arrestos migratorios durante la Copa Mundial, aunque funcionarios del DHS han señalado que no habrá detenciones masivas de aficionados. La aclaración, sin embargo, no elimina la preocupación. Cuando migración, seguridad y fútbol se mezclan, el ambiente deja de ser fiesta y empieza a parecer control fronterizo con balón incluido.
ICE y otras agencias federales sí participarán en tareas de seguridad, verificación de viajeros y control de amenazas durante el torneo. El argumento oficial es conocido: combatir falsificación de entradas, productos ilegales, delitos transnacionales, narcotráfico, trata de personas y personas buscadas por órdenes internacionales. Nadie discute que un evento de esta magnitud necesita seguridad. El problema es otro: la línea entre proteger al público y convertir los estadios en espacios de vigilancia migratoria puede volverse peligrosamente borrosa.
El secretario de Seguridad Nacional, Markwayne Mullin, sostuvo en CBS News que ICE no irá al Mundial con el propósito de “detener masivamente” aficionados, pero tampoco descartó arrestos vinculados a la aplicación de leyes migratorias. Esa ambigüedad es precisamente lo que genera temor. Para miles de trabajadores, familias migrantes y aficionados latinos, una promesa a medias no basta.
La preocupación sindical confirma la gravedad del asunto. La AFL-CIO pidió a la FIFA mantener a agentes migratorios fuera de las ciudades sede, advirtiendo riesgos para trabajadores de hotelería, transporte, producción de eventos y servicios. Unite Here Local 11, sindicato que representa a trabajadores del SoFi Stadium, incluso amenazó con huelga si no se restringe el acceso de ICE. Cuando quienes harán funcionar el Mundial temen ir a trabajar, algo está profundamente mal.
La presencia de ICE en grandes eventos no es nueva. Participó en el Super Bowl 2026 y en el Mundial de Clubes 2025, principalmente en tareas de seguridad y control. Pero el contexto político actual vuelve todo más sensible. El fútbol convoca a comunidades migrantes, familias latinas y trabajadores que muchas veces viven bajo incertidumbre legal. El Mundial debería ser una fiesta global, no una fuente de miedo.
La FIFA, el DHS y las ciudades sede deben hablar con claridad. No basta decir que no habrá redadas masivas. Deben establecer protocolos públicos, límites precisos y garantías para aficionados y trabajadores.
Reflexión final
El Mundial no puede convertirse en vitrina de inclusión mientras parte de su público entra al estadio con temor. La seguridad es necesaria, pero no debe usarse como excusa para intimidar comunidades migrantes. Porque una Copa del Mundo con miedo en las tribunas ya empieza perdiendo su espíritu. (Foto: lacajanegra.blog).
