Orden de candidatos en debates de segunda vuelta

El Jurado Nacional de Elecciones ya sorteó el orden de participación de los equipos técnicos y de los candidatos para los debates de segunda vuelta. La estructura está definida, los bloques temáticos también y el escenario comenzará a tomar forma este 24 y 31 de mayo. Pero el verdadero problema del Perú no es quién habla primero, quién responde después o quién cierra con una frase mejor ensayada. El problema de fondo es si Keiko Fujimori y Roberto Sánchez tienen respuestas reales para un país agotado de campañas pobres, promesas recicladas y discursos que confunden confrontación con liderazgo.

El debate de equipos técnicos abrirá el domingo 24 de mayo, con Juntos por el Perú iniciando el bloque de reforma del Estado. Luego vendrán temas urgentes: juventud y deporte, agricultura y medioambiente, infraestructura, economía, generación de empleo y salud. Este último eje fue incorporado por demanda ciudadana, una señal clara de que la población está obligando a la política a mirar lo que muchas veces prefiere esquivar: hospitales saturados, falta de medicamentos, atención deficiente y un sistema público que sobrevive entre abandono, burocracia y promesas.

Para el debate presidencial del 31 de mayo, el sorteo estableció que Roberto Sánchez intervendrá primero y Keiko Fujimori después. La jornada abordará cuatro bloques decisivos: seguridad ciudadana, fortalecimiento del Estado democrático y derechos humanos, educación y salud, además de economía, empleo y reducción de la pobreza. Es decir, el país tendrá frente a sus ojos el inventario completo de sus urgencias. No hay espacio para generalidades. La seguridad no puede seguir tratándose con frases de campaña mientras la extorsión y el crimen organizado avanzan. La economía no puede reducirse a cifras bonitas cuando millones sienten que el sueldo no alcanza. La democracia no puede defenderse con discursos si luego se negocian instituciones como cuotas partidarias.

Pero mientras los candidatos afinan sus intervenciones, otro fenómeno empieza a crecer con fuerza: el voto viciado. En los últimos días, esta opción ha ganado presencia en la conversación pública, en redes sociales y en sectores ciudadanos que no se sienten representados por ninguna candidatura. El voto viciado está tomando más eco que los propios candidatos, precisamente porque expresa una incomodidad profunda: muchos peruanos no quieren elegir entre miedo y desconfianza. No es simple apatía. Es una señal de protesta democrática frente a una segunda vuelta que no despierta esperanza, sino resignación.

Ese ascenso del voto viciado debería preocupar a ambos comandos. Si una parte importante del electorado empieza a encontrar más sentido en rechazar la elección que en respaldar a Keiko o Sánchez, entonces el problema ya no está solo en la campaña: está en la legitimidad emocional del proceso. Los debates, por tanto, no serán únicamente una confrontación entre dos candidatos. También serán una prueba para convencer a quienes hoy sienten que ninguno merece su voto.

El orden de participación ya está definido. Ahora falta lo esencial: contenido, solvencia, honestidad y capacidad de conectar con un país desconfiado. Keiko Fujimori y Roberto Sánchez no deben ir a ganar un momento televisivo, sino a demostrar si realmente están preparados para gobernar.

Reflexión final
El Perú no necesita saber solo quién habla primero. Necesita saber quién tiene un plan, quién dice la verdad y quién puede mirar a los ciudadanos sin venderles otra ilusión de campaña. Porque cuando el voto viciado crece más rápido que la confianza en los candidatos, la democracia no está celebrando una elección: está lanzando una advertencia. (Foto: lacajanegra.blog).

Lo más nuevo

Artículos relacionados