Mundial 2026: derechos humanos bajo la sombra de la FIFA

Human Rights Watch lanzó una alerta que incomoda a la FIFA y desnuda el lado menos festivo del Mundial 2026. El torneo no solo se jugará entre Estados Unidos, México y Canadá, sino que también se disputará en un escenario cargado de tensiones migratorias, riesgos para periodistas, restricciones de movilidad y cuestionamientos sobre derechos humanos. La Copa del Mundo promete espectáculo, pero también puede quedar marcada por exclusión, miedo y silencios convenientes.

La guía publicada por Human Rights Watch para periodistas no es un simple manual de recomendaciones. Es una advertencia política y ética. La organización cuestiona que la FIFA no haya usado su enorme influencia para exigir garantías sólidas a los países anfitriones, especialmente en Estados Unidos, donde las políticas migratorias, los operativos de ICE y los vetos de ingreso a ciudadanos de ciertos países pueden afectar directamente a aficionados, visitantes y trabajadores de prensa.

La contradicción es evidente. La FIFA vende el Mundial como fiesta universal, pero no parece actuar con la misma energía cuando esa universalidad choca con fronteras, deportaciones, discriminación o amenazas a la libertad informativa. Habla de inclusión en sus campañas, pero tolera escenarios donde hinchas de selecciones clasificadas podrían no ingresar al país sede. ¿Qué clase de Mundial global es aquel donde algunos aficionados quedan fuera no por falta de entrada, sino por su pasaporte?

Human Rights Watch también critica la falta de planes reales de acción en derechos humanos por parte de las ciudades sede. La FIFA prometió estándares, compromisos y vigilancia. Pero, como tantas veces, el discurso parece más sólido que la práctica. En el fútbol moderno, los derechos humanos suelen aparecer en los documentos oficiales, mientras el negocio avanza sin mirar demasiado a los costados.

Más grave aún es el señalamiento sobre el llamado “Premio de la Paz” entregado a Donald Trump. Para HRW, esa decisión refleja una peligrosa operación de imagen en medio de políticas migratorias cuestionadas y ataques a la prensa. La FIFA, en lugar de marcar distancia institucional, parece cómoda posando junto al poder político cuando eso le garantiza respaldo, sedes y negocios.

El Mundial 2026 no puede ser solo estadios llenos, derechos televisivos y patrocinadores felices. La FIFA tiene la obligación de garantizar seguridad, libertad de prensa, acceso justo y respeto a los derechos humanos.

Reflexión final.
El fútbol no une al mundo si excluye, silencia o mira al costado. Si la FIFA quiere vender una copa universal, debe defender valores universales. De lo contrario, el Mundial 2026 será una fiesta brillante por fuera, pero profundamente incómoda por dentro. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).

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