El siguiente gobierno peruano podría recibir el poder con una amenaza climática ya anunciada: un nuevo episodio del fenómeno El Niño. La ONU advierte que podría iniciarse entre junio y julio de 2026 y extender sus efectos económicos y productivos hasta los primeros meses de 2027. No es una alerta menor; es una prueba anticipada para un Estado que suele descubrir la prevención cuando el desastre ya tiene víctimas.
El Niño no solo significa lluvias intensas o calor extremo. También implica sequías, incendios, daños en cultivos, interrupción de carreteras, afectación de la pesca, encarecimiento de alimentos y golpes directos a la economía familiar. Según estimaciones citadas por la ONU, las pérdidas diarias podrían alcanzar los 86 millones de dólares en siete regiones analizadas, con impactos severos en manufactura, comercio, agricultura y transporte.
El Perú conoce demasiado bien este libreto. Primero llega la advertencia técnica. Luego viene la indiferencia política. Después, cuando el agua desborda, aparecen las visitas oficiales, las declaraciones de emergencia, las botas nuevas para la foto y las promesas de reconstrucción. Finalmente, cuando baja la atención mediática, vuelve el abandono. Esa rutina no es mala suerte: es falta de gestión.
La agricultura y la pesca serán sectores especialmente vulnerables. Cultivos como espárragos, mangos, paltas, limones y arándanos pueden verse afectados, mientras que el aumento de la temperatura del mar puede desplazar especies y alterar temporadas de captura. Cuando el campo y el mar se golpean, no solo pierden productores: pierde el empleo, la exportación, la seguridad alimentaria y el bolsillo de todos.
El próximo gobierno no podrá decir que no fue advertido. La ONU ya puso la alerta. Lo que corresponde ahora es preparar maquinaria, limpiar cauces, reforzar infraestructura, asegurar agua potable, prever medicinas, proteger cultivos, apoyar pescadores y coordinar con municipios y regiones.
Reflexión final
El fenómeno de El Niño puede poner en jaque al siguiente gobierno, pero también puede desnudar si existe capacidad real de mando. Porque cuando una tragedia fue anunciada y aun así encuentra al Estado improvisando, el desastre ya no es solo climático: es político. (Foto ilustración: lacajanegra.blog)
