El cacao peruano vive un momento de especial reconocimiento internacional. Su calidad fina, aroma, diversidad genética y origen regional han permitido que el Perú se consolide como el segundo mayor exportador de cacao en grano de Latinoamérica y el sexto del mundo. Este logro no solo refleja cifras comerciales alentadoras, sino también el esfuerzo de miles de familias agricultoras, organizaciones de productores, mipymes, empresas exportadoras y entidades públicas que han convertido al cacao en una cadena de valor con identidad, competitividad y proyección global.
En el 2025, los despachos al exterior de cacao y sus derivados superaron los US$ 1.619 millones, lo que representó un crecimiento del 26% respecto al año previo. Además, los productos llegaron a más de 70 mercados, confirmando que el cacao peruano ha dejado de ser una promesa para convertirse en uno de los productos bandera con mayor capacidad de expansión.
Este avance tiene una explicación clara: la articulación entre campo, empresa y Estado. El ministro de Comercio Exterior y Turismo, Berthin Enrique Gómez Vela, destacó que el éxito comercial del cacao es resultado de una alianza estratégica entre las familias agricultoras, las organizaciones privadas y la acción articulada del sector público. Esa lectura es importante, porque demuestra que la competitividad no depende solo del producto, sino también de la organización, la promoción, la innovación y la confianza que se construye alrededor de una cadena productiva.
El cacao peruano también representa una oportunidad para dinamizar las economías regionales. Detrás de cada grano hay territorios, comunidades, cooperativas, emprendimientos y productores que cumplen estándares cada vez más exigentes. Su crecimiento puede impulsar empleo, formalización, turismo vivencial, transformación productiva y desarrollo de marcas con valor agregado.
El Salón del Cacao y Chocolate Internacional 2026 aparece, en ese contexto, como una vitrina clave para seguir abriendo mercados. La rueda de negocios organizada por PromPerú, con compradores de Alemania, Bélgica, Argentina, Italia, Países Bajos, Canadá y otros países, fortalece la conexión entre productores peruanos y compradores internacionales. Este tipo de espacios permite que el cacao no solo se venda como materia prima, sino como historia, origen, calidad y experiencia.
El posicionamiento del Perú en el mercado mundial del cacao confirma que el país tiene capacidad para competir con productos diferenciados, sostenibles y de alto valor. El desafío ahora es seguir fortaleciendo la industrialización, la innovación y la presencia internacional.
Reflexión final
El cacao peruano no solo viaja en sacos o derivados; viaja como embajador de regiones, familias y sueños productivos. Si el país continúa apostando por calidad, valor agregado y promoción inteligente, el cacao puede convertirse en uno de los grandes motores empresariales del Perú. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).
