El mensaje presidencial del 28 de julio llegó cargado de diagnósticos severos, cifras alarmantes, promesas ambiciosas y llamados a la reconciliación. La presidenta Keiko Fujimori describió un Estado debilitado por la improvisación, la corrupción, la ineficiencia y el abandono; reconoció que miles de obras permanecen paralizadas, que la inseguridad asfixia a comerciantes y emprendedores, y que los servicios públicos siguen llegando tarde o nunca.
El retrato puede ser correcto. Pero diagnosticar la enfermedad del país desde el podio presidencial no constituye una hazaña política. El Perú conoce sus males desde hace décadas. Lo que falta no es otro discurso que enumere desgracias, sino un gobierno capaz de dejar de administrarlas.
La presidenta anunció que comienza un cronómetro de 1826 días y prometió método, disciplina, metas medibles y rendición de cuentas. También ofreció combatir la inseguridad, prevenir los efectos del fenómeno El Niño, modernizar la Policía, reformar las cárceles, ampliar programas sociales, ejecutar grandes obras, digitalizar el Estado, elevar la remuneración mínima y proteger la independencia de poderes.
La lista impresiona por su extensión, pero precisamente allí aparece la primera alerta. Cuando un gobierno promete resolver simultáneamente casi todos los problemas históricos del país, el discurso corre el riesgo de convertirse en un inventario de aspiraciones sin prioridades verdaderamente ejecutables.
El Perú ya ha visto planes grandiosos que terminaron archivados, presupuestos que se evaporaron entre expedientes y obras anunciadas con entusiasmo que después sobrevivieron únicamente en paneles publicitarios.
En seguridad, el Gobierno propone estados de emergencia, liderazgo temporal de las Fuerzas Armadas, videovigilancia, inteligencia artificial y una reforma penitenciaria. La firmeza resulta necesaria frente al crimen, pero no puede convertirse en una contraseña para normalizar la excepcionalidad ni para reemplazar la inteligencia policial, la investigación fiscal y la justicia eficaz por despliegues que ofrecen imágenes inmediatas y resultados inciertos.
El mensaje también promete líneas de metro, trenes de cercanías, carreteras, infraestructura de salud, agua, educación y conectividad. La pregunta mordaz, pero indispensable, es sencilla: ¿con qué cronograma, bajo qué presupuesto, con qué capacidad técnica y bajo qué controles? Porque anunciar seis líneas de metro es fácil; construirlas sin sobrecostos, retrasos ni sospechas es la parte que el Estado peruano todavía no domina.
La lucha contra la corrupción merece una vigilancia especial. El discurso promete transparencia absoluta y sanciones, pero la ética gubernamental no se demuestra señalando únicamente los errores heredados. Se prueba en los nombramientos, las contrataciones, las compras públicas, la relación con los aliados y la disposición a investigar incluso a quienes se encuentran cerca del poder.
Desde La Caja Negra sostenemos que este Gobierno no necesita un periodo de gracia, sino fiscalización desde el primer día. Cada promesa debe tener fecha, presupuesto, responsable y un indicador público de cumplimiento. Sin esos elementos, los 1826 días serán una cuenta regresiva hacia una nueva decepción nacional.
La reconciliación tampoco puede ser utilizada para pedir silencio, borrar responsabilidades o domesticar la crítica. Reconciliar no significa olvidar; significa gobernar sin persecución, pero también sin impunidad.
Reflexión final
El mensaje presidencial describió un país herido y prometió reconstruirlo. La presidenta ha colocado la vara y ha iniciado su propio cronómetro. Ahora cada retraso, retroceso o contradicción será responsabilidad de su administración.
El Perú no necesita frases solemnes sobre grandeza nacional. Necesita seguridad sin autoritarismo, inversión sin privilegios, programas sin clientelismo y transparencia sin excepciones. El reloj ya corre. Esta vez, el poder no podrá decir que faltaron advertencias; solo deberá explicar, al final, si gobernó o volvió a convertir las promesas en otra ceremonia republicana. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).
