Gianni Infantino ya no dirige una FIFA cohesionada. Dirige una organización partida entre quienes reclaman transparencia, controles independientes y límites al poder presidencial, y quienes prefieren conservar una estructura que reparte recursos, cargos e influencia. El detonante fue el fallido FIFA Forward Enterprise, una operación valorada en alrededor de US$20.000 millones que pretendía abrir parte del negocio comercial de FIFA al capital privado. El proyecto cayó, pero dejó al descubierto algo más grave: una presidencia que ya no inspira obediencia automática.
Rumbo a marzo de 2027, la FIFA dejó de parecer una familia. Se parece más a un mercado de lealtades.
Europa encabeza la resistencia. Inglaterra, Gales, Irlanda, Noruega, Finlandia, Dinamarca, Alemania y Países Bajos cuestionan la gobernanza de Infantino. Nueva Zelanda rompió el consenso de Oceanía y exigió una revisión independiente. Jordania, con el príncipe Ali bin Al Hussein, también elevó el tono. No todos piensan igual, pero comparten algo decisivo: ya no confían plenamente en quien gobierna FIFA.
En la otra vereda, Infantino conserva un bloque de apoyo donde pesan África, partes de Asia, el mundo árabe y Sudamérica. Marruecos, Catar, Egipto, Mauritania, Líbano y Sudán respaldaron su continuidad. Argentina y Paraguay hicieron lo propio desde Conmebol, mientras otras federaciones destacan los recursos de FIFA Forward.
Y allí aparece el gran truco institucional: un país, un voto. Alemania pesa lo mismo que Bután. Brasil, lo mismo que una federación diminuta. Democracia formal, sí. Pero también una estructura donde asociaciones con menos recursos pueden convertirse en árbitros de una elección presidencial multimillonaria.
El debate ya no gira solo alrededor del fútbol. Se discute quién reparte dinero, quién controla el calendario, quién decide expansiones, quién entrega sedes y quién conserva acceso al poder.
La oposición habla de transparencia. Los aliados hablan de estabilidad. En medio, Infantino hace lo que mejor sabe hacer: contar apoyos.
La elección de 2027 será competitiva únicamente si la oposición logra presentar un candidato único antes del cierre de candidaturas en noviembre. Si vuelve a dividirse, Infantino puede sobrevivir no por consenso, sino por dispersión.
Reflexión final
La FIFA presume representar a 211 asociaciones. Hoy esas 211 asociaciones representan también 211 intereses.
Si unas federaciones votan por convicción y otras por dependencia, el resultado será legal, pero no necesariamente ejemplar.
Infantino todavía puede ganar. Lo que ya perdió es algo más difícil de recuperar: la apariencia de que todo el fútbol mundial marcha detrás de él. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).
