CRISIS: Vicepresidente de la FIFA retiró su apoyo a Infantino

La crisis de Gianni Infantino ya no puede esconderse detrás de comunicados institucionales, cifras de ingresos ni discursos sobre expansión global. Sándor Csányi, vicepresidente de la FIFA y presidente de la Federación Húngara, retiró formalmente su apoyo al mandatario del fútbol mundial y afirmó haber perdido la confianza en su capacidad para seguir conduciendo la organización. El detonante fue el despido de Kevin Lamour, director general de operaciones y una de las voces internas que cuestionó abiertamente el fallido FIFA Forward Enterprise. Cuando un vicepresidente rompe públicamente con el presidente y lo hace apelando a razones de liderazgo, ética y criterio profesional, la fractura deja de ser un rumor de pasillos y pasa a instalarse en la propia mesa del poder.

Csányi calificó la salida de Lamour como “la gota que colma el vaso”, una frase que resume el deterioro interno de la FIFA. Lamour había criticado el proyecto de inversión privada promovido por Infantino, denunció falta de transparencia y sostuvo que se trataba de una iniciativa excesivamente personalista. Poco después, dejó la organización. No existe evidencia pública definitiva que permita afirmar que fue despedido exclusivamente por sus críticas, pero la secuencia política es demasiado incómoda para ser despachada con un simple comunicado de agradecimiento. En una institución que presume de gobernanza, separar a un alto funcionario después de que desafía al presidente exige más explicaciones, no menos.

La cadena de hechos agrava el cuadro: primero se impulsa una operación comercial de enorme alcance sin consenso suficiente; luego reaccionan UEFA, Concacaf y AFC; después el proyecto se retira; más tarde salen asesores y ejecutivos; y finalmente un vicepresidente del Consejo anuncia que ya no respalda a Infantino. Todo esto convierte una crisis comercial en una crisis de conducción. La pregunta ya no es si el proyecto era bueno o malo. La pregunta es qué margen real existe dentro de FIFA para disentir sin pagar un costo político o profesional.

Csányi también cuestionó decisiones que, según su interpretación, respondieron más a intereses políticos que a los del fútbol. Ese señalamiento toca uno de los puntos más sensibles de la gestión Infantino: la percepción de que FIFA se ha acercado demasiado a gobiernos, negocios y alianzas de conveniencia, mientras exige obediencia interna y presenta estabilidad como sinónimo de unidad.

Infantino todavía conserva poder, estructura, recursos y respaldos. Pero empieza a perder algo mucho más difícil de recomponer: legitimidad dentro de su propio círculo de gobierno. La oposición ya no proviene solo de federaciones nacionales o confederaciones enfrentadas. Ahora también emerge desde la cúpula.

Reflexión final
Una organización sólida tolera la crítica porque confía en sus reglas. Una organización frágil empieza a confundir la discrepancia con la deslealtad. Cuando un vicepresidente retira su apoyo y un alto ejecutivo sale después de cuestionar al presidente, la crisis deja de ser de imagen y se convierte en una crisis de poder. Si Infantino quiere seguir hasta 2031, tendrá que demostrar algo más que capacidad para contar votos: tendrá que demostrar que todavía sabe gobernar sin exigir silencio. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).

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