FIFA: el fútbol femenino podría protagonizar un boicot a Infantino

Durante el último Mundial masculino, Gianni Infantino pareció omnipresente. Su figura estuvo en estadios, ceremonias, transmisiones y actos oficiales. El contraste con el Mundial Femenino de Australia y Nueva Zelanda 2023 resulta inevitable: allí su presencia fue mucho más irregular, pese a haber prometido otorgar al torneo femenino el mismo respeto que al masculino. Esa diferencia, que entonces podía parecer protocolar, hoy adquiere otra dimensión. El fútbol femenino podría convertirse en uno de los frentes más incómodos para una presidencia que ha convertido la palabra “igualdad” en bandera institucional, pero que todavía no logra traducirla plenamente en poder, representación y condiciones equivalentes.

La desigualdad está en las cifras y también en las estructuras. La Copa Mundial Femenina de 2023 repartió US$110 millones en premios, mientras que el Mundial masculino recientemente concluido distribuyó alrededor de US$871 millones. Podrá argumentarse que los ingresos de ambos torneos son distintos, pero la distancia sigue siendo demasiado amplia como para proclamar que la brecha está resuelta. La FIFA celebra el crecimiento del fútbol femenino, aunque la igualdad continúa avanzando con mayor velocidad en los discursos que en los presupuestos.

El desequilibrio es todavía más evidente donde realmente se administra el poder. Según la información proporcionada, solo dos mujeres integran un Comité Disciplinario de 18 miembros; el Comité del Futuro del Fútbol está compuesto íntegramente por hombres; y en el Consejo de FIFA apenas ocho de sus 37 integrantes son mujeres. FIFA promociona torneos femeninos, habla de empoderamiento y exhibe crecimiento de audiencias, pero las mujeres siguen siendo minoría en las mesas donde se adoptan las decisiones más relevantes.

Por eso resulta especialmente incómodo recordar el discurso de Infantino en 2023, cuando pidió a las mujeres que eligieran sus batallas y convencieran a los hombres. Tres años después, aquella frase parece haber envejecido mal. Las futbolistas y dirigentes no deberían necesitar persuadir a nadie para acceder a una representación proporcional dentro de las instituciones que también gobiernan su deporte.

En este escenario aparece la posibilidad de un eventual boicot a torneos femeninos juveniles y otras competiciones FIFA. No existe consenso y sería injusto que las jugadoras asumieran el costo de una disputa política que no provocaron. Sin embargo, que la medida esté siquiera sobre la mesa demuestra que el malestar dejó de ser simbólico.

La FIFA utilizó durante años el desarrollo del fútbol femenino como prueba de modernización. Ahora ese mismo crecimiento puede convertirse en una factura política para Infantino. No basta con organizar más torneos, aumentar audiencias o lanzar campañas de inclusión si la estructura que gobierna continúa concediendo a las mujeres una participación limitada en las decisiones.

Reflexión final
Infantino pidió que las mujeres empujaran las puertas. Tal vez las empujaron y descubrieron que detrás seguían estando mayoritariamente los mismos administrando el poder.

La deuda de FIFA con el fútbol femenino no es únicamente económica o deportiva. Es también una deuda de representación, respeto y autoridad real. Y si esa deuda termina convirtiéndose en una amenaza para la continuidad de Infantino, no será una paradoja. Será la consecuencia de haber confundido visibilidad con verdadera igualdad. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).

Lo más nuevo

Artículos relacionados