IPD: Cambiar presidente no resuelve la crisis deportiva nacional

El deporte peruano arrastra desde hace años un problema que ningún cambio de presidente en el Instituto Peruano del Deporte ha conseguido resolver: la ausencia de una política nacional sostenida, medible y capaz de sobrevivir a los gobiernos, ministros y funcionarios de turno. Cada nueva gestión llega con discursos, anuncios y promesas de modernización. Cambian los nombres, cambian las fotografías oficiales y cambian los equipos de confianza. Lo que no cambia es la sensación de empezar nuevamente desde cero. Y un país que reinicia su deporte cada pocos años está condenado a llegar tarde a casi todas partes.

El verdadero problema del Instituto Peruano del Deporte no debería reducirse a quién ocupa la presidencia, sino a qué plan está obligado a ejecutar y qué resultados debe entregar. El deporte de alto rendimiento necesita objetivos concretos: cuántos talentos se detectarán, cuántos entrenadores serán certificados, cuántos centros regionales funcionarán, cuántos deportistas recibirán apoyo científico, qué disciplinas serán priorizadas y qué resultados internacionales se esperan en cinco, diez o veinte años. Sin metas verificables, cualquier gestión puede proclamar avances sin demostrar impacto real.

Mientras otros países construyen procesos que atraviesan generaciones, el Perú continúa demasiado pendiente del funcionario de turno. No existe potencia deportiva construida sobre improvisaciones administrativas. Los campeones no aparecen porque cambió un presidente del Instituto Peruano del Deporte, sino porque existe una estructura que identifica niños con talento, los acompaña durante años, les proporciona entrenadores, nutrición, medicina, psicología, tecnología y competencia internacional.

La contradicción se vuelve más evidente cuando el país anuncia grandes eventos y nuevas inversiones en infraestructura mientras la base deportiva sigue siendo frágil. Organizar campeonatos puede producir prestigio y fotografías; formar atletas exige paciencia, presupuesto y continuidad. Allí suele acabarse el entusiasmo político, porque el resultado no siempre llega dentro del mismo periodo de gobierno.

El Instituto Peruano del Deporte necesita menos reinicios y más Estado. Quien llegue a dirigirlo debería encontrar una política nacional ya establecida, con presupuesto, indicadores, responsabilidades y evaluaciones públicas. El presidente debería administrar y mejorar el sistema, no reinventarlo cada vez que cambia la administración.

Reflexión final
El Perú no necesita otro funcionario prometiendo comenzar una nueva etapa. Necesita una política deportiva que continúe cuando ese funcionario ya no esté.

Porque cambiar de presidente puede renovar una oficina. Pero solo la planificación sostenida puede cambiar la historia del deporte peruano. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).

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