El Colegio Médico del Perú ha puesto sobre la mesa una advertencia que el Gobierno no debería minimizar: el sistema de salud llega debilitado para enfrentar los efectos del fenómeno El Niño. Y cuando una emergencia climática encuentra hospitales con carencias, centros de salud limitados y políticas preventivas debilitadas, el problema deja de ser únicamente meteorológico.
El decano nacional del Colegio Médico, Pedro Riega López, ha sido preciso: el desafío es estructural. No basta con reuniones, comisiones ni recorridos oficiales. Hace falta fortalecer de verdad la capacidad sanitaria del país antes de que las lluvias, inundaciones y enfermedades eleven la demanda asistencial.
La alerta apunta especialmente al primer nivel de atención y a los hospitales de la costa norte, una de las zonas que podría sufrir con mayor intensidad los efectos de El Niño. Allí se requiere más personal, capacitación, equipos de diagnóstico, medicamentos e insumos suficientes.
Parece básico. Pero en el Perú lo básico suele convertirse en emergencia cuando ya faltan camas, reactivos o personal.
El Colegio Médico también advierte sobre un escenario sanitario que ya muestra señales preocupantes: dengue, sarampión y otras enfermedades infecciosas podrían expandirse con mayor rapidez si aumentan las temperaturas, las lluvias y los criaderos de mosquitos.
La ciudadanía tiene una responsabilidad evidente en la prevención, especialmente eliminando depósitos de agua donde pueda reproducirse el mosquito transmisor del dengue. Pero sería demasiado cómodo que el Estado terminara trasladando toda la carga preventiva a las familias.
No se puede pedir al ciudadano que elimine un criadero mientras el sistema público mantiene sus propios criaderos de precariedad: desabastecimiento, falta de personal, burocracia y decisiones tardías.
Riega también ha señalado que durante los últimos años se han debilitado políticas fundamentales de prevención y fortalecimiento de servicios. Y ha planteado algo tan elemental como necesario: que los cargos técnicos sean ocupados por profesionales con experiencia y perfil adecuado, y no por criterios políticos.
En una emergencia sanitaria, la improvisación administrativa no es inocua. Puede significar diagnósticos tardíos, atención insuficiente y vidas expuestas.
El Gobierno todavía tiene tiempo para reaccionar. Puede reforzar hospitales, garantizar abastecimiento, fortalecer vigilancia epidemiológica, contratar personal y preparar a las regiones más vulnerables.
Pero prepararse significa hacerlo ahora, no cuando las salas de emergencia ya estén saturadas.
Reflexión final
El Niño puede ser inevitable. No es inevitable llegar débiles a enfrentarlo. Si el Colegio Médico advierte hoy que el sistema sanitario no está suficientemente preparado y mañana vuelven el desabastecimiento, el colapso o las respuestas tardías, ya no habrá espacio para fingir sorpresa.
La naturaleza puede provocar la emergencia; la falta de previsión puede convertirla en desastre. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).
