Las Líneas y Geoglifos de Nasca y Palpa sobrevivieron durante siglos al desierto, al viento y al paso del tiempo. Lo que quizá nadie calculó es que en pleno siglo XXI tendrían que defenderse también de presuntas actividades de minería ilegal y ocupaciones no autorizadas. Dos intervenciones realizadas en Palpa han vuelto a encender una alarma que el Estado peruano debería escuchar antes de que proteger el patrimonio termine consistiendo, como tantas veces, en llegar después del daño.
En el Paisaje Arqueológico de Mollaque fueron encontrados socavones, módulos de estera, equipos y materiales preliminarmente relacionados con actividades mineras. Paralelamente, en El Mirador, dentro de La Cresta de Sacramento Sector A, las autoridades verificaron la presencia de más de cien personas y estructuras precarias en un área arqueológica protegida. Dos episodios diferentes, una misma pregunta: ¿quién protege realmente nuestro patrimonio cuando nadie está mirando?
Conviene mantener la precisión: corresponde a las autoridades determinar si existió minería ilegal en Mollaque y establecer las responsabilidades correspondientes. Pero encontrar socavones y equipos dentro de un espacio perteneciente al Área de Reserva Arqueológica Líneas y Geoglifos de Nasca debería bastar para activar algo más que una inspección.
En El Mirador ocurrió otro episodio preocupante. Más de cien personas habrían ingresado al sector e instalado estructuras precarias. Cuando llegaron representantes del Ministerio de Cultura, Ministerio Público y Policía, los ocupantes se retiraron, desmontaron las chozas y retiraron piedras colocadas en el lugar.
La intervención funcionó. La pregunta incómoda es por qué tuvieron oportunidad de instalarse primero.
La Cresta de Sacramento Sector A no es cualquier terreno disponible. Forma parte del área protegida de Nasca y se encuentra dentro del área nuclear del bien cultural inscrito en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO. Es decir, estamos hablando de patrimonio excepcional que el Perú tiene la responsabilidad de preservar.
Y allí aparece nuestra conocida paradoja: promocionamos Nasca ante el mundo mientras tenemos que correr detrás de quienes podrían alterarla dentro del propio territorio.
El Ministerio de Cultura ha anunciado vigilancia y acciones para determinar responsabilidades administrativas y penales. Es necesario, pero insuficiente si todo comienza después de recibir una alerta.
Nasca necesita vigilancia permanente, tecnología, fiscalización territorial, coordinación policial y fiscal y capacidad de intervención inmediata. El patrimonio arqueológico no se reconstruye simplemente asignando presupuesto cuando el daño ya ocurrió.
Reflexión final
El Perú suele sentirse orgulloso de sus civilizaciones antiguas. El verdadero problema aparece cuando toca demostrar ese orgullo protegiendo lo que dejaron.
Las Líneas de Nasca sobrevivieron siglos sin ministerios, fiscalías ni policías. Sería una ironía imperdonable que ahora, teniendo todas esas instituciones, no pudiéramos protegerlas de amenazas perfectamente humanas. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).
