El Perú vuelve a mirar el cielo con preocupación y al Estado con una pregunta incómoda: ¿esta vez estamos realmente preparados? El Senamhi advierte que entre el 8 y el 10 de septiembre más de 100 provincias de 14 regiones afrontarán lluvias, nieve, granizo y aguanieve de moderada a intensa intensidad. Habrá además descargas eléctricas y ráfagas de viento cercanas a los 40 km/h.
La naturaleza ha enviado el aviso. Ahora falta comprobar si las autoridades aprendieron algo de anteriores emergencias o si volveremos al conocido ritual nacional de prevenir en comunicados y reaccionar entre escombros.
La alerta comprende zonas de Áncash, Apurímac, Arequipa, Ayacucho, Cajamarca, Cusco, Huancavelica, Huánuco, Junín, La Libertad, Lima, Pasco, Piura y Puno. El granizo podría presentarse por encima de los 2.800 metros, mientras las nevadas alcanzarían localidades sobre los 3.800 metros de la sierra centro y sur.
El caso de La Libertad merece especial atención: 63 distritos de 11 provincias ya fueron declarados en emergencia ante el peligro de precipitaciones asociadas a El Niño. Trujillo concentra 12 distritos bajo esta condición. No hablamos, entonces, de una amenaza abstracta ni de una posibilidad remota.
Indeci recomienda despejar rutas de evacuación, reforzar techos, verificar centros de salud, comisarías y compañías de bomberos e implementar sistemas de alerta temprana. Todo correcto. Pero después de tantos huaicos, inundaciones y poblaciones incomunicadas, el país debería estar varios pasos más adelante que los silbatos, campanas y recomendaciones.
Porque una alerta meteorológica sin prevención efectiva termina convirtiéndose en inventario de daños.
Carreteras vulnerables, quebradas sin intervención suficiente, viviendas levantadas en zonas de riesgo y gobiernos locales con capacidades desiguales forman parte de una fragilidad conocida. El Niño no crea todas esas deficiencias: simplemente las desnuda.
Senamhi está cumpliendo su tarea al advertir. Ahora corresponde que Gobierno, regiones y municipios conviertan información científica en maquinaria, limpieza de cauces, rutas seguras, albergues, atención sanitaria y capacidad real de respuesta.
Reflexión final
Si más de 100 provincias están advertidas y 63 distritos de La Libertad ya permanecen en emergencia, después nadie debería alegar sorpresa. Los fenómenos naturales pueden ser inevitables; la improvisación estatal no. Cuando existe pronóstico, mapa de riesgo y tiempo para actuar, una tragedia anunciada deja de ser solamente obra de la naturaleza y comienza a revelar las responsabilidades de quienes pudieron prevenirla. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).
