Piura necesita una respuesta sanitaria que se adelante al dengue, no autoridades que se limiten a describir su avance. Más de 13.000 casos reportados y nuevas lluvias obligan a demostrar qué prevención funciona y qué atención está disponible. Explicar que el calor favorece al mosquito; informar que reducir los riesgos exige gestión. La población no puede recibir recomendaciones como sustituto de servicios públicos capaces de protegerla.
Según la información difundida por Infobae sobre declaraciones del director del CDC, César Munayco, Piura acumula 13.025 casos de dengue y encabeza los registros nacionales. El balance presentado señala más de 71.000 casos y 75 fallecidos en el país. Son cifras comunicadas durante la entrevista, que deben leerse con su correspondiente corte epidemiológico.
Las lluvias del 19 y 20 de octubre afectaron sectores de Piura, Veintiséis de Octubre y Chulucanas. El riesgo sanitario requiere precisión: el dengue se transmite mediante mosquitos infectados, no por tocar agua de lluvia. Los recipientes que acumulan agua pueden convertirse en criaderos.
Atribuir el aumento únicamente al clima ofrece una explicación incompleta y políticamente cómoda. Las temperaturas y precipitaciones no están bajo control municipal; la organización de la respuesta sí exige decisiones públicas. Corresponde demostrar cómo se coordinan vigilancia, eliminación de criaderos, limpieza y atención sanitaria. El pronóstico meteorológico no puede funcionar como certificado de exoneración administrativa.
Las familias deben revisar recipientes y mantener protegidos sus depósitos. Pero trasladarles toda la carga resulta injusto. Donde el abastecimiento obliga a almacenar agua, la prevención necesita soluciones compatibles con esa realidad. Pedir colaboración ciudadana exige acompañamiento, información comprensible y servicios que faciliten cumplir las recomendaciones.
Tampoco basta exhibir una jornada de intervención. La pregunta es qué ocurre después: quién verifica los resultados, qué sectores siguen expuestos y cómo se corrigen las dificultades. Una fotografía acredita presencia durante un momento; no demuestra protección sostenida. Las campañas deben evaluarse por su alcance y continuidad.
La atención oportuna constituye otra obligación. La OMS señala que la detección precoz y el acceso a atención adecuada reducen considerablemente la letalidad del dengue grave. Recomendar que el paciente acuda temprano exige establecimientos preparados para recibirlo, evaluarlo y derivarlo cuando corresponda.
La Caja Negra exige un balance público por distritos: evolución de casos, cobertura de intervenciones y capacidad de atención. El Gobierno nacional, el regional y las municipalidades deben identificar responsables y compromisos verificables. La coordinación debe comprobarse en el territorio, no únicamente en reuniones.
Las deficiencias deben corregirse y los incumplimientos acreditados, generar responsabilidades. La ciudadanía merece conocer qué recursos se utilizan y qué resultados producen. Estar por debajo de años anteriores no convierte la enfermedad ni las muertes en un balance satisfactorio.
Reflexión final
Piura no necesita aprender a convivir resignadamente con el dengue. Necesita prevención sostenida y atención accesible.
La pregunta para las autoridades es directa: ¿qué están haciendo para que la siguiente lluvia encuentre una población mejor protegida? Contar casos permite conocer el problema. Gobernar exige actuar para reducirlo. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).
