El Estadio Nacional es la casa del deporte peruano. El IPD debe defender esa prioridad con decisiones, no solamente con discursos. Si la selección y los deportes terminan dependiendo del calendario de conciertos y de la recuperación del césped, la gestión ha invertido sus obligaciones. Administrar un escenario deportivo exige algo más que alquilarlo.
Las presentaciones de Hombres G, programadas para el 29 y 30 de octubre, reabren una discusión que merece respuestas. ¿En qué condiciones se entrega el recinto? ¿Quién verifica los daños? ¿Cuándo recuperará su disponibilidad deportiva? El IPD debe responder con documentos e inspecciones, porque la confianza pública necesita evidencias.
Las advertencias ya existen. La Contraloría documentó deterioro del césped y de la pista atlética relacionado con eventos no deportivos y deficiencias de mantenimiento. También señaló que la continuidad de esas actividades impedía completar adecuadamente la recuperación del campo. Persistir sin demostrar correcciones convierte una alerta técnica en un problema de gestión.
Tampoco basta exhibir ingresos por alquiler. El balance debe incluir reparaciones, mantenimiento extraordinario, supervisión y días de indisponibilidad. Si recuperar lo deteriorado cuesta más que lo recaudado, el negocio perjudica al patrimonio público. Esa comparación debe publicarse. Celebrar ingresos y esconder los costos detrás de explicaciones generales sería una rendición de cuentas incompleta.
Hay una pérdida adicional: el tiempo del deportista. Los entrenamientos y las competencias necesitan continuidad. Aunque una productora cubra las reparaciones, una factura pagada no devuelve automáticamente las oportunidades perdidas. El calendario deportivo debe protegerse desde el contrato, no acomodarse después del desmontaje.
Óscar Fernández, presidente del IPD, debe asumir esa responsabilidad. Le corresponde exigir garantías suficientes, inspecciones independientes y plazos técnicos de recuperación. También rechazar actividades incompatibles con esas condiciones. La autoridad se demuestra cuando establece límites, incluso frente a un alquiler atractivo. elperuano.pe
El Nacional necesita una política firme: primero el deporte, después cualquier uso complementario compatible. Las productoras deben asumir sus obligaciones y buscar alternativas cuando el espectáculo comprometa el recinto. El IPD tiene que publicar contratos, costos y evaluaciones. La conservación del estadio no puede quedar subordinada a la siguiente fecha disponible para vender.
Reflexión final
Cuando termina el concierto, el público se retira y la productora desmonta. El estadio permanece, junto con las consecuencias de cada decisión. Allí debe evaluarse la gestión: en la cancha que reciben nuestros deportistas. Su casa merece cuidado permanente, no reparaciones recurrentes acompañadas de nuevas promesas. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).
