Venta de productos de contenedores que cayeron en Callao

En el Perú, hasta lo que se hunde se convierte en oportunidad. Esta vez no se trata de corrupción, sino de lavadoras flotantes, productos asiáticos y contenedores caídos en el mar del Callao. Pescadores y vecinos han salido al rescate, no del ecosistema ni del país, sino de refrigeradoras y cajas de electrodomésticos que el mar les ofreció con generosidad inesperada. Mientras tanto, el gobierno —sí, ese que no puede mantener a flote ni un hospital— balbucea conceptos de derecho marítimo que parecen extraídos de un seminario de posgrado y no de un protocolo de emergencia real.

Todo comenzó el 1 de agosto, cuando varios contenedores cayeron al mar frente al puerto del Callao. Una escena digna del realismo mágico: ciudadanos montados en botes improvisados sacando lavadoras como si fueran anchovetas, mientras las autoridades… observan. Y aunque parezca chiste, no lo es. Porque en un país donde la ley se aplica con cronómetro vencido y a gusto del poder de turno, la pregunta fue inevitable: ¿esto es robo o simplemente “recogida solidaria”?.

Ahí apareció el especialista Gustavo Arévalo, profesor de derecho internacional de la Universidad de Lima, para poner algo de cordura en el oleaje. Según explicó, si la caída fue accidental —lo que en términos náuticos se conoce como flotsam— el dueño de la mercancía aún tiene derecho a reclamarla. Pero si nadie la reclama, los pescadores no estarían cometiendo delito. Y como si fuera poco, podrían incluso solicitar una retribución económica bajo la figura de “rescate de mercadería por terceros”. O sea, el Perú en modo reality show: te cae una lavadora del cielo (o del mar), la recoges, y encima puedes pedir que te paguen por tu nobleza.

Lo más preocupante es que esta situación no fue gestionada por ninguna entidad estatal con velocidad, planificación ni protocolos claros. La Marina mercante brilla por su ausencia, el Ministerio de Transportes apenas sabe que hay agua en el mar, y los aseguradores, en silencio, calculan cuánto pueden recuperar sin mover un dedo. Mientras tanto, la ciudadanía asume el rol de “rescatista voluntario” porque el Estado ya no aparece ni para cumplir funciones mínimas.

Este no es un caso aislado. Es el reflejo del desgobierno generalizado que se vive bajo la administración de Dina Boluarte y su colección de ministros decorativos. Cuando no están comprando aviones de guerra o blindando congresistas, están dejando que el caos se administre solo. Porque para el Perú oficial, el Callao puede ser un punto estratégico para el comercio… o una zona de pesca de oportunidades según la marea.

El episodio de los contenedores caídos es más que una anécdota curiosa. Es una metáfora perfecta de cómo el país funciona hoy: a la deriva. Mientras se discute si recoger un artefacto del mar es delito o rescate, nadie asume responsabilidades ni activa un plan nacional de control. Lo que cae, que flote; lo que flota, que se reparta. Así navega el Perú del presente: sin capitán, sin timón, sin protocolos… pero con muchos recolectores espontáneos.

Reflexión final
Quizás ya no deberíamos alarmarnos por la falta de Estado. Total, en el Perú actual parece que cualquier vacío institucional puede ser llenado con una lavadora y una explicación jurídica. Pero ojo: si hoy dejamos que el mar nos dicte las reglas, mañana no será solo una carga la que se pierda… será el país entero. Y ahí sí, ni el mejor pescador podrá rescatar lo que hundió la negligencia.

Edwin Gamboa, fundador de la Caja Negra

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