Ecuador nos envía una advertencia, como esos vecinos que golpean la pared para avisar que el incendio ya pasó a la casa de al lado. Juan Zapata Silva, exministro del Interior, ha dicho con todas sus letras: el Perú corre el riesgo de convertirse en una sucursal del crimen organizado, con bandas como Los Choneros y Los Lobos expandiendo sus tentáculos más rápido que nuestras autoridades redactando comunicados. Y claro, en Palacio, la reacción es la de siempre: silencio, blindaje y la esperanza de que el problema se resuelva solo.
La comparación es inevitable. Ecuador tardó en reaccionar y terminó convertido en un campo de batalla. Hoy registra miles de muertes violentas al año y bandas que gobiernan territorios. El espejo está frente a nosotros, pero el gobierno peruano prefiere maquillarse antes que mirarlo. ¿El resultado? Más de 1,200 homicidios solo en 2025 según Sinadef, extorsiones en colegios, barrios tomados por mafias y una minería ilegal que recauda más que el propio Estado.
Lo que Zapata llama “vulnerabilidad institucional” aquí tiene otro nombre: desgobierno crónico. Las fronteras son un colador, la policía sin recursos, la justicia cooptada, y el Congreso dedicado a blindar a Dina Boluarte en lugar de blindar a los ciudadanos. Mientras tanto, el crimen organizado sí tiene plan, estrategia y estructura. Ellos zonifican el país para cobrar cupos, mientras el Estado apenas logra zonificar excusas.
¿Y cuál es la respuesta? Promesas de penales en islas, cazas supersónicos y discursos sobre “no dejar en orfandad a la patria”. Pura retórica militarista que contrasta con la realidad: policías comprando sus propios chalecos, fiscales amenazados y barrios donde la ley la dicta la pistola del sicario.
Zapata advierte que la política no debe convertirse en cómplice de las mafias. Lástima que aquí esa advertencia llegó tarde: autoridades locales y congresistas ya aparecen vinculados a organizaciones criminales. En el Perú, la línea entre política y delito no solo es delgada, es casi invisible.
El diagnóstico está hecho y la advertencia lanzada. El Perú ya no está “en riesgo” de ser tomado por las mafias: ya lo está. Lo que falta definir es si queremos reaccionar o simplemente convertirnos en Ecuador versión 2.0, con titulares de horror cada semana. Dina Boluarte sigue sin plan, sin estrategia y sin capacidad de liderazgo. Y el Congreso, cómplice silencioso, sigue contando los días para el 2026.
Reflexión final
El sarcasmo es inevitable: mientras Estados Unidos declara a Los Choneros y Los Lobos como terroristas, aquí seguimos con la ilusión de que todo se resuelve con un comunicado del Mininter o una compra de patrulleros que nunca llegan. El crimen no necesita permisos, no espera licitaciones ni plazos; avanza, ocupa, gobierna. El verdadero terror no está en la frontera, está dentro de nuestras ciudades, donde cada peruano vive una condena a cadena perpetua de miedo. Y mientras tanto, el gobierno, con absoluta pasividad, sigue en piloto automático.
Edwin Gamboa, fundador de La Caja Negra
