Así quedarían los bombos para el sorteo del Mundial 2026

La FIFA ya tiene armado el espectáculo: los bombos para el sorteo del Mundial 2026. El 5 de diciembre en Washington D.C. se conocerán los grupos de la primera Copa del Mundo con 48 selecciones, repartida entre Estados Unidos, México y Canadá. El Bombo 1, como siempre, reluce con potencias: Argentina, España, Francia, Inglaterra, Brasil, Países Bajos, Portugal, Bélgica, Italia, Alemania y, claro, los anfitriones. Los demás bombos acomodan a las selecciones de menor rango, en un ejercicio que equilibra la representación global. Todo muy organizado, muy medido, muy FIFA. Y nosotros, los peruanos, otra vez observando desde la tribuna global, como quien mira una fiesta a la que nunca fue invitado.

El Bombo 2 tendrá a Colombia, Uruguay, Suiza, Senegal, Japón, Dinamarca, Irán, Corea del Sur, Ecuador, Australia, Noruega y Egipto. El 3 a Paraguay, Argelia, Eslovaquia, Costa de Marfil, Túnez, Uzbekistán, Sudáfrica, Jordania, Macedonia del Norte, Honduras y algunos asiáticos por definir. El 4, el sótano del ranking y los repechajes: Jamaica, Cabo Verde, Bosnia, Ghana, Nueva Zelanda, Surinam, cuatro europeos y dos intercontinentales.

En esa repartición hay de todo: potencias, equipos competitivos, selecciones emergentes. Pero no hay Perú. Ni en el bombo 1, ni en el 2, ni en el 3, ni en el 4. La FIFA puede alardear de inclusión y equilibrio, pero el fútbol peruano ha demostrado ser un caso perdido: con doce puntos en dieciocho partidos, seis goles a favor (todos en Lima) y cero de visitante, lo nuestro no fue clasificación sino eliminación anticipada. Ni siquiera la repesca. Mientras hasta Nueva Caledonia sueña con un lugar vía repechaje, la Blanquirroja vuelve a la triste realidad: mirar desde fuera.

El problema no es el bombo en el que nos tocaba. El problema es que nunca trabajamos para merecer uno. La ilusión de que “estos jugadores madurarán para el 2030” es un autoengaño repetido hasta el cansancio. Porque mientras aquí nuestros futbolistas siguen atrapados en la Liga 1, los de otras selecciones ya se foguean en ligas top de Europa. Ellos crecen, nosotros involucionamos. Y creer que el resto del mundo se va a detener para esperarnos es tan absurdo como pensar que la FIFA hará un sorteo de bombos para los equipos eliminados.

Los bombos son la metáfora perfecta del orden mundial del fútbol: se premia la planificación, los procesos, las ligas competitivas, la exportación de talentos. Todo lo que el Perú nunca tuvo. Ni un plan integral, ni una hoja de ruta, ni un recambio generacional. Solo parches, discursos y milagros contados. El último espejismo fue Rusia 2018, una clasificación que se celebró como épica pero que no sirvió para cambiar nada. Volvimos al caos, y ahora ni para llenar el último bombo.

La FIFA ya definió cómo se conformarán los grupos. Habrá emoción, expectativa y espectáculo. En el Perú, lo único que se conforma es la resignación. No hay bombo que nos acoja, no hay sorteo que nos nombre. Somos el país que juega a la calculadora, que vive de excusas, que confunde el azar con estrategia.

Reflexión final
El 5 de diciembre el mundo celebrará el sorteo del Mundial 2026. Aquí, quizás, celebremos con memes y con la eterna frase “la próxima será”. Pero la verdad es más cruel: sin planificación, sin un Plan Integral 2050, sin profesionales serios en la gestión deportiva, nunca estaremos en ningún bombo. Y el único lugar que nos quedará será el del espectador resignado, ese que sabe que su bandera no estará en el sorteo, porque su dirigencia nunca supo cómo construirla en la cancha.

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