Mundial: fecha, hora, lugar y cómo se definirá la fase de grupos

El 5 de diciembre de 2025, a las 12:00 (hora local), el Kennedy Center de Washington D. C. será el escenario del sorteo que pondrá en marcha el Mundial más ambicioso de la historia. “Estamos muy emocionados de celebrar el sorteo más esperado”, ha dicho Gianni Infantino, presidente de la FIFA. Más allá del brillo y los embajadores, ese día se dibujará el mapa competitivo de una Copa del Mundo con 48 selecciones, 12 grupos de cuatro y 104 partidos. Un hito deportivo… y un estrés logístico sin precedentes.

Los anfitriones ya ocupan su lugar: México (A1), Canadá (B1) y Estados Unidos (D1). Junto a ellos, potencias como Argentina —campeón vigente— y Brasil, y una geografía futbolística que se ensancha con Australia, Irán, Japón, Corea del Sur, Ecuador y las debutantes Jordania y Uzbekistán. En diciembre habrá 42 equipos confirmados; los seis cupos restantes se definirán en 2026 mediante torneos de repechaje: dos plazas interconfederaciones y cuatro adicionales en una repesca específica de la UEFA. El resultado: una fase inicial donde la diversidad será la norma y los márgenes de error, mínimos.

El nuevo formato promete emociones: siete partidos para alcanzar la final, más cruces y más vidas deportivas. Pero también abre interrogantes. ¿Cómo garantizar equidad en viajes y descansos cuando el torneo se jugará en tres países y 16 ciudades? ¿Qué criterios transparentes regirán la conformación de bombos para evitar “grupos de la muerte” desequilibrados? ¿Cómo se protegerá el calendario de los jugadores en un ecosistema ya saturado? La grandeza numérica no siempre significa mejor espectáculo; puede convertirse en ruido si la organización no prioriza el deporte por encima del show.

El camino está marcado: en marzo de 2026, repechajes en Norteamérica; el 30 de abril, Congreso de la FIFA en Vancouver; el 11 de junio, pitazo inicial en el Estadio Azteca; y el 19 de julio, final en Nueva York–Nueva Jersey. La hoja de ruta es clara; la responsabilidad, también. La FIFA tiene la oportunidad de convertir esta expansión en un salto cualitativo, no solo cuantitativo: precios de entradas accesibles, logística sostenible, arbitraje coherente y uso de tecnología al servicio del juego, no del espectáculo.

El sorteo de Washington no es un trámite: es la primera gran prueba. Si coloca el fútbol en el centro —y no al revés—, el 2026 puede ser el Mundial que amplió el mapa sin achicar la esencia.

Lo más nuevo

Artículos relacionados