El deporte peruano vuelve a regalarnos una postal imborrable: la bandera rojiblanca en lo más alto del podio mundial. Esta vez, desde las olas de Playa El Sunzal, en El Salvador, donde Vania Torres se consagró campeona del mundo en el ISA World SUP & Paddleboard Championship 2025, modalidad SUP Surf. Una hazaña que no solo suma una medalla, sino que refuerza la idea de que el Perú, cuando se lo propone, puede competir —y ganar— a cualquiera.
El camino de Vania hacia el título fue una demostración de constancia y carácter. Desde el primer heat del main 1 se impuso con autoridad, dejando atrás a rivales de España y Australia. En el main 2 repitió la historia, superando a representantes de Nueva Zelanda y Argentina con un surf sólido, inteligente y sin estridencias: puro trabajo bien hecho.
En el main 3, aunque terminó segunda, mostró algo más valioso que un puntaje perfecto: resiliencia. Esa serie le bastó para avanzar a semifinales, donde volvió a ganar su heat y clasificó a una final que ya es parte de la memoria del deporte peruano. En esa manga decisiva, Vania sumó 12.43 puntos y derrotó a la argentina Lucía Cosoleto (12.06) y a la brasileña Aline Adsaka (9.30). Tres potencias del surf regional, una campeona peruana.
Pero detrás de esas cifras hay años de disciplina, madrugadas frías, caídas duras y levantadas más firmes. Hay un equipo técnico, una familia que acompaña, un país que muchas veces mira tarde a sus atletas, pero que hoy tiene una razón enorme para celebrar. El SUP Surf, además, es una disciplina que ofrece una enorme oportunidad para el desarrollo del turismo deportivo en nuestras propias costas, si sabemos leer el oleaje a tiempo.
El título de Vania Torres no es un hecho aislado: confirma que el surf peruano tiene una base sólida y un futuro prometedor. Esta corona mundial coloca nuevamente al Perú en el mapa del deporte internacional y nos recuerda que el talento está, que las olas sobran y que lo que falta, muchas veces, es decisión para apoyar de forma sostenida.
Reflexión final
Hoy aplaudimos a Vania, pero la verdadera victoria será convertir este logro en política deportiva: más escuelas, más infraestructura, más apoyo real a nuestros deportistas. Que cada niña y niño que vea su nombre sueñe con subirse a una tabla, sí, pero también con un país que no los deje remar solos. Porque cuando el Perú se toma en serio a sus atletas, el resultado ya lo conocemos: campeones del mundo.
