Estadio Miguel Grau de Piura tiene solo un avance de 1,58 %

En Piura se levanta, al menos en el papel, “uno de los estadios más modernos del Perú”. En la realidad, el Estadio Miguel Grau es un cascarón carísimo: más de S/ 200 millones comprometidos y apenas 1,58% de avance físico. Lo que el Gobierno Regional vende como legado deportivo es, hoy, un monumento a la improvisación, la negligencia y el desprecio por el dinero público. Esta obra no solo está retrasada: desnuda un modo de gobernar donde la foto pesa más que la ingeniería y el titular vale más que la transparencia.

Los informes de supervisión son contundentes: expediente técnico con fallas, estudio de mecánica de suelos insuficiente, cimentaciones mal planteadas y la necesidad de rehacer cálculos estructurales para no comprometer la estabilidad de lo ya construido y de lo proyectado. Pese a ello, el proyecto se lanzó al vacío con la promesa de estándares FIFA y Conmebol, césped bermuda, tribunas techadas y VAR. Se ofreció “primer mundo” sobre un suelo que ni siquiera estaba correctamente estudiado.

A esto se suma la elección del Consorcio EPiura: una empresa extranjera que recién aterriza en el país y otra firma con experiencia en colegios, pistas y veredas, pero no en estadios; ambas enfrentando el reto de una obra compleja, con estándares internacionales y bajo la lupa pública. El resultado está a la vista: al 5 de noviembre, Invierte.pe registra 1,58% de avance cuando el cronograma exigía 11,61%. Mientras tanto, los vecinos de Castilla reportan ausencia de maquinaria y trabajadores. Un “megaproyecto” detenido, sin explicación clara ni rendición de cuentas a la ciudadanía.

Para rematar, decisiones como eliminar la pista atlética recortan el uso social y multipropósito del recinto, reduciendo el supuesto “legado” a un negocio estrictamente futbolero, cuestionado desde el inicio por deportistas locales. El mensaje implícito es brutal: la prioridad no es la comunidad, sino la maqueta y el discurso.

El Estadio Miguel Grau exige respuestas inmediatas: auditoría técnica y financiera independiente, publicación íntegra del expediente y de las observaciones, suspensión formal del avance hasta corregir el diseño, ejecución de penalidades y, si corresponde, resolución contractual. Cada sol invertido debe ser defendido con la misma vehemencia con la que se anunció el proyecto.

Reflexión final
Piura no necesita otro símbolo del desgobierno; necesita obras dignas, seguras y terminadas. Un estadio puede ser orgullo o vergüenza. Hoy, el Miguel Grau es lo segundo. Que esta vez la ciudadanía no acepte más excusas: sin ingeniería seria y sin ética pública, no hay “modernidad” posible, solo ruinas financiadas con impuestos.

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