Cuándo será el sorteo del Mundial de Fútbol 2026

El sorteo del Mundial 2026 —programado para el 5 de diciembre en Washington D.C.— vuelve a colocar a la FIFA en el centro de un espectáculo global que mezcla ilusión deportiva con la maquinaria de poder más influyente del planeta. Con 42 selecciones ya clasificadas y seis cupos por disputarse, la organización presenta un evento impecable en forma, pero profundamente cuestionable en fondo. La expansión a 48 equipos, la compleja estructura logística y la opacidad recurrente en la toma de decisiones son síntomas de una institución que gobierna el fútbol sin contrapesos democráticos reales. El Mundial 2026 será histórico, pero también es un espejo de los excesos que rodean al organismo rector.

El crecimiento del torneo —104 partidos, sedes en tres países y un calendario maratónico— se vende como progreso, cuando en realidad expone la lógica dominante de la FIFA: maximizar ingresos a costa del desgaste de jugadores, la saturación del calendario y la inequidad competitiva. Las eliminatorias ya cerraron 42 clasificados, pero la FIFA aún no ha detallado el formato final del sorteo, pese a estar a solo días del evento. Se promete una “circular informativa”, fórmula elegante para encubrir improvisación y falta de transparencia.

Mientras tanto, los anfitriones ya tienen sus lugares asegurados: México en el A1, Canadá en el B1 y Estados Unidos en el D1. Tres selecciones privilegiadas no solo por su rol organizador, sino por formar parte del mercado más rentable del fútbol global. El Azteca, el SoFi Stadium, el BC Place: estadios monumentales convertidos en símbolos de un Mundial diseñado para atraer inversión, no necesariamente para preservar la esencia competitiva que alguna vez caracterizó al torneo.

Además, las 16 sedes estadounidenses, frente a las apenas tres mexicanas y dos canadienses, reflejan de manera transparente dónde se concentra el poder económico del evento. La retórica de integración continental es apenas un decorado para un evento construido sobre decisiones centralizadas y orientadas al mercado.

El sorteo será televisado, celebrado y magnificado. Pero detrás del brillo, la FIFA continúa gobernando con la misma lógica que tantos actores del deporte critican: poca claridad, decisiones tardías y un control absoluto sobre los ritmos del fútbol mundial. El espectáculo está garantizado; la transparencia, no.

Reflexión final
El Mundial 2026 promete récords, emociones y estadios llenos. Pero la pregunta de fondo es otra: ¿quién controla realmente el fútbol? Cuando la fiesta se organiza sin rendir cuentas, el deporte corre el riesgo de convertirse en un producto vacío, brillante por fuera y opaco por dentro. El sorteo será una celebración mundial; conviene no olvidar que también es un recordatorio de todo lo que aún debe cambiar.

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