En el altar del fútbol sudamericano, la palabra “transparencia” es el nuevo amuleto: se agita en conferencias, se imprime en comunicados, se graba en videos emotivos… mientras detrás del telón se negocia a quién se apunta y a quién se protege. El caso FIFAgate es el mejor ejemplo de esa transparencia de utilería. Hoy, Alejandro Domínguez, presidente de la Conmebol, pretende convencer al continente de que el gran villano bancario del escándalo de Nicolás Leoz fue Banco Atlas. No es un error: es una operación política. Y, como ha documentado el diario ABC, es también un intento desesperado de ajustar cuentas con un grupo mediático que tuvo la osadía de investigar lo que otros decidieron callar.
La maniobra es casi didáctica: se toma un conflicto personal con ABC y el Grupo Zuccolillo, se lo viste de cruzada moral y se lo lanza desde la Conmebol como si fuera una batalla por la ética. Domínguez acusa, insinúa que Banco Atlas habría lavado el dinero de Leoz. Pero los hechos estorban: Atlas manejó apenas una fracción del patrimonio del ex presidente de la Conmebol, proveniente de actividades lícitas, y fue la primera entidad en reportar sus depósitos a la Seprelad el 29 de mayo de 2015, apenas un día después de estallar el FIFAgate, según la información revelada por ABC.
Paradójicamente, la auditoría forense encargada por la propia Conmebol a Ernst & Young —a instancias de Estados Unidos— rastreó movimientos por cerca de 50 millones de dólares hacia cuentas personales de Leoz y operaciones por 1.000 millones de dólares entre 2011 y 2015. En esas 47 páginas aparecen detallados bancos paraguayos y del exterior por donde se movió el dinero del organismo. Banco Atlas no figura ni una sola vez. Ni una. Pero es el único al que se señala con dedo acusador desde la máxima autoridad del fútbol sudamericano.
Más incómodo todavía es lo que Domínguez no explica: si la Conmebol tenía en sus manos la auditoría, los informes del FBI y de las fiscalías de Estados Unidos y Suiza, ¿por qué no movió un solo músculo para seguir el rastro de los millones desviados? No pidió informes oficiales a los bancos señalados, no impulsó embargos, no presentó denuncias firmes contra Leoz en vida. Mientras las procuradurías extranjeras cercaban al dirigente, este abría nuevas cuentas, repatriaba fondos desde Bahamas, constituía fideicomisos por montos muy superiores en otros bancos. Y la Conmebol miraba hacia otro lado.
Cuando ABC empezó a publicar documentos, contratos, nombres, vínculos empresariales —incluidos los de Alejandro Domínguez hijo en negocios con el Estado—, la reacción no fue revisar la propia historia, sino atacar al mensajero: querellas, una “denuncia innominada” centrada únicamente en Atlas y un relato cuidadosamente diseñado para que la opinión pública olvide la foto de 2014: Leoz, Napout y Domínguez juntos, sonrientes, cuando el sistema todavía parecía intocable.
No estamos frente a un cruzado anticorrupción, sino ante alguien que fue parte del círculo íntimo del poder que hizo posible el FIFAgate y ahora pretende erigirse en juez, seleccionando culpables a la carta. La narrativa de limpieza cae por su propio peso cuando se revisan las fechas, las omisiones y los silencios. Si la Conmebol realmente quisiera ir hasta el fondo, no elegiría un solo banco: abriría todos los cajones.
Reflexión final
El problema no es solo Domínguez: es un modelo de dirigencia que cree que la memoria de la gente es corta y que un buen discurso borra décadas de complicidad. El fútbol sudamericano merece algo mejor que esta transparencia selectiva. Y mientras los documentos sigan ahí —como recuerda ABC—, la coartada se deshace. Lo que falta no son pruebas: es coraje para dejar de proteger a los de siempre.
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https://www.abc.com.py/politica/2025/11/22/alejandro-dominguez-esconde-la-verdadera-corrupcion-del-fifagate/
