Azar y mitos de los sorteos en Mundiales: bolillas frías o marcadas

Foto: La Nación

Cada cuatro años, la FIFA vende el sorteo del Mundial como una liturgia de transparencia, emoción y “magia del azar”. Escenario impecable, exfiguras sonriendo, bolilleros brillantes, discursos sobre el “fair play” y cámaras por todos lados. Sin embargo, detrás de esa escenografía perfectamente ensayada, sobreviven preguntas que se repiten desde hace casi un siglo: ¿es solo suerte… o también hay poder, cálculo y conveniencia?

Desde Uruguay 1930, cuando el sorteo se hizo a pocas horas del inicio porque muchas delegaciones ni siquiera habían llegado, hasta el complejo formato del Mundial 2026 con 48 selecciones, la historia de los sorteos está llena de “casualidades” que siempre parecen favorecer a los mismos. Inglaterra 1966 es un ejemplo clásico: el entonces presidente de la FIFA, Stanley Rous, celebrando en vivo el grupo cómodo que le tocó al anfitrión, que terminaría siendo campeón del mundo. ¿Azar puro o suerte demasiado oportuna?.

Décadas después, apareció un actor clave: Julio Humberto Grondona. El histórico dirigente argentino impulsó la figura de los cabezas de serie y un sistema de clasificación que, curiosamente, consolidó el poder de las potencias de siempre. No se trataba solo de ordenar bolillas, sino de ordenar el mapa del fútbol: coeficientes, plazas, repechajes, formatos que beneficiaban a los de “mayor jerarquía”. La CONMEBOL con más cupos, el todos contra todos que favorece a Brasil, Argentina y Uruguay… y el resto, a remar.

Los mitos se multiplican: bolillas frías y calientes, marcas imperceptibles, tomas de cámara que “casualmente” no muestran cuándo se abren los sobres, gestos cómplices como el famoso “V de la victoria” de cierto dirigente cuando vio el grupo amable de su selección. Nunca se probó nada de forma concluyente, es cierto. Pero tampoco la FIFA ha hecho demasiado por despejar las sospechas. Más bien, ha aprendido a convivir con ellas mientras el show siga vendiendo.

Los sorteos del Mundial son el punto de partida de un negocio gigantesco. Y como todo negocio, no siempre se decide solo con azar. La historia muestra que, cuando se mezclan intereses políticos, económicos y deportivos, la transparencia suele ser la primera expulsada de la cancha.

Reflexión final
Mientras el mundo se prepara para un nuevo sorteo rumbo al 2026, vale una pregunta incómoda: ¿estamos viendo un ejercicio limpio de igualdad deportiva o una coreografía cuidadosamente armada para que nada importante quede en manos de la suerte? El Mundial se define en la cancha, sí, pero muchas veces comienza a torcerse mucho antes, en un escenario elegante, entre bolillas, sonrisas… y silencios.

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