Messi es 34° en el ranking de los 100 mejores jugadores del mundo

Foto: Infobae.

Cada fin de año el fútbol se somete a su examen preferido: el ranking. Listas que prometen ordenar el caos, poner números al talento y cerrar discusiones que, en realidad, nunca se cierran. En ese ritual aparece el dato que encendió el debate: Lionel Messi quedó en el puesto 34 entre los 100 mejores futbolistas del 2025. Un número que, más que describir una temporada, revela cómo se evalúa hoy el fútbol y qué se decide premiar —o castigar— desde los escritorios.

El listado consagra a Ousmane Dembélé como el mejor del año y completa su podio con Lamine Yamal y Vitinha. Todo parece coherente con la lógica dominante: Champions League, grandes ligas europeas y vitrinas mediáticas. El problema surge cuando el ranking pretende ser un balance de rendimiento individual y, al mismo tiempo, penaliza el lugar donde se juega. Messi fue campeón de la MLS, MVP por segundo año consecutivo y firmó 43 goles y 26 asistencias en 49 partidos. Aun así, cayó al 34° puesto, profundizando una tendencia descendente que comenzó tras Qatar 2022.

La explicación oficial habla de “nivel de competencia”. Ahí está el punto ciego. Si el ranking evalúa quién fue el mejor futbolista del año, ¿por qué el contexto pesa más que la incidencia real? ¿Por qué se prioriza el escenario por encima de la obra? El mensaje implícito es claro: no importa cuánto hagas, importa dónde lo hagas. Y esa lógica convierte al ranking en un mapa geográfico del prestigio, no en una radiografía del juego.

La paradoja se agrava cuando Messi aparece por debajo de jugadores con temporadas irregulares, sin títulos o con impacto limitado en los momentos decisivos. Incluso futbolistas que no sostuvieron continuidad durante el año superan al argentino. El ranking, entonces, no mide excelencia sostenida: mide conversación, tendencia y pertenencia al circuito “correcto”.

Que Messi esté 34° no define a Messi; define al ranking. Define un sistema que busca clausurar debates con números, pero termina revelando sus propios sesgos. El fútbol, sin embargo, se resiste a ser reducido a una planilla: vive de contextos, liderazgos y momentos que no siempre entran en una fórmula.

Reflexión final
Los rankings seguirán existiendo y seguirán provocando polémica. Pero conviene mirarlos con distancia crítica. Porque cuando una lista necesita explicar por qué uno de los jugadores más influyentes del año queda fuera del centro, el problema no es el futbolista. El problema es el termómetro: no está midiendo el talento, está midiendo el mercado. Y el fútbol, por fortuna, sigue siendo más grande que cualquier ranking.

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