Infantino confirmó que la FIFA estudia cambiar la regla del offside

(Foto: Reuters/Dan Mullan). Infantino confirmó que la FIFA estudia cambiar la regla del offside. No es un titular menor: es tocar el nervio central del fútbol, la regla que ordena el juego, define tácticas y sostiene el equilibrio entre ataque y defensa. Pero la FIFA lo presenta como “revolución” para hacer “un juego más ofensivo” y “más atractivo”. Y ahí nace la sospecha: cuando el presidente del fútbol mundial habla en clave de “atractivo”, no está hablando de deporte; está hablando de producto.

La idea que se evalúa —inspirada en la llamada “ley Wenger”— plantea que solo habría fuera de juego si el atacante está completamente por delante del penúltimo defensor. Es decir, se busca abandonar la interpretación actual, donde un fragmento del cuerpo habilitado para anotar puede decidir una infracción. En papel suena razonable: menos milímetros, menos polémica. En la realidad puede significar otra cosa: una ventaja ofensiva estructural, más espacios, más goles, más transiciones y, por supuesto, más clips para vender.

Infantino intenta blindar el discurso con el VAR: “lo introdujimos para que el fútbol fuera más justo”. Pero la experiencia reciente dejó una lección amarga: el VAR no solo corrigió errores; también instaló una cultura de laboratorio. Líneas milimétricas, jugadas congeladas, celebraciones en suspenso. Y ahora, en lugar de reconocer que el problema es el exceso de intervención, la FIFA sugiere rediseñar el offside para que el sistema sufra menos con sus propias obsesiones. Es como cambiar el termómetro porque la fiebre incomoda.

El debate real no es si habrá más goles. El debate es quién decide qué debe ser el fútbol. Cambiar el offside altera estrategias históricas: líneas defensivas, pressing, retrocesos, coberturas, perfiles de centrales y delanteros. No es “un ajuste”; es reescribir condiciones de competencia. Y cuando esa reescritura nace del objetivo de “hacerlo más atractivo”, el riesgo es evidente: el reglamento empieza a responder al marketing.

A esto se suma otra advertencia: en el Mundial 2026 se anticipa más tecnología y “poderes especiales” arbitrales. La promesa siempre es la misma: “decisiones correctas”. La consecuencia suele ser otra: más interrupciones, más dependencia del sistema y menos fútbol espontáneo.

Que Infantino confirme el estudio del cambio de offside no es modernización automática: es una señal de que la FIFA está dispuesta a intervenir en el corazón del juego para orientar el espectáculo.

Reflexión final
El fútbol puede evolucionar, sí. Pero una cosa es mejorar justicia y fluidez; otra es diseñar el juego para fabricar emoción. Si el offside se modifica por razones comerciales, la FIFA no estará protegiendo el fútbol: estará calibrándolo. Y un fútbol calibrado deja de ser deporte para volverse mercancía con reglamento.

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