El 85% aún no sabe por quién votar para Diputados y Senadores

El 85% de peruanos aún no ha pensado por quién votará para Diputados ni Senadores. No es un dato “curioso”, es una sirena. En un país que vuelve a la bicameralidad con la promesa de mejorar la representación, la ciudadanía responde con un silencio que suena a rechazo. No es apatía: es autodefensa. El elector peruano no posterga su voto por flojera; lo posterga porque la política le ha enseñado a desconfiar como mecanismo de supervivencia.

La indecisión masiva es la consecuencia lógica de una oferta política que parece diseñada para no durar. Los partidos dejaron de ser proyectos y se convirtieron en taxis electorales: hoy te llevan, mañana te abandonan, pasado cambian de placa y siguen circulando. Los candidatos, por su parte, se han entrenado más para la indignación rentable que para la gestión. Se mueven con frases cortas, enemigos útiles y promesas sin sustento, como si gobernar fuera una campaña eterna y no una responsabilidad pública.

Por eso, en el Perú, decidir a última hora se volvió normal. Se vota mirando encuestas, memes, escándalos y “tendencias”, no programas. Se elige por descarte, no por convicción. Y cuando la mayoría decide así, el sistema se deforma: gana quien controla mejor el ruido, no quien propone mejor el rumbo.

El problema se agrava porque este 85% no solo no eligió: tampoco cree. Más de la mitad piensa que las elecciones ayudarán poco o nada a mejorar el país. Esa es la verdadera derrota democrática: votar sin esperanza. Participar sin confianza. Elegir con resignación. Cuando el ciudadano entra a la urna como quien entra a un trámite, la democracia deja de ser un proyecto común y se convierte en un mecanismo automático.

Y la clase política conoce el negocio. Por eso apuesta al indeciso de último minuto: es más vulnerable al miedo, al “anti”, al marketing emocional, a la promesa milagrosa. La indecisión es el terreno fértil del populismo, del oportunismo y del discurso autoritario disfrazado de eficiencia. Cuando la política no convence, manipula.

Que el 85% aún no haya pensado por quién votará para Diputados y Senadores no es un defecto ciudadano: es una acusación contra la clase política. Revela un país sin representación real y una democracia cansada de ser usada.

Reflexión final
Si no se recuperan ética, coherencia y propuestas verificables, seguiremos eligiendo tarde y pagando caro. Porque una democracia donde la mayoría decide al borde del abismo no está deliberando: está reaccionando. Y cuando un país solo reacciona, siempre llega tarde… incluso para salvarse. (Foto: Andina).

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