Ningún partido tendrá mayoría absoluta en el nuevo Senado. Ese dato, lejos de ser una simple proyección parlamentaria, anticipa el tipo de política que podría marcar los próximos años: negociación permanente, alianzas variables y una disputa intensa por el control de la Mesa Directiva y las comisiones clave. Según la simulación del Instituto Aklla, Fuerza Popular lideraría con 22 escaños, seguida por Juntos por el Perú con 14, Renovación Popular con 8, el Partido del Buen Gobierno con 7, OBRAS con 5 y Ahora Nación con 4.
El retorno del Senado debería representar una oportunidad para mejorar la calidad legislativa. En teoría, una Cámara Alta sirve para revisar con mayor rigor las leyes, fortalecer el control político, ratificar altos nombramientos y evitar que las decisiones se aprueben al ritmo del impulso o la conveniencia coyuntural. Pero en el Perú, donde el Congreso ha acumulado desprestigio, fragmentación y desconfianza, el riesgo es evidente: que el Senado no eleve el nivel del debate, sino que multiplique los espacios de negociación opaca.
Fuerza Popular tendría la bancada más numerosa, pero no los votos suficientes para imponer sola su agenda. Eso la obligará a buscar acuerdos. Juntos por el Perú, como segunda fuerza, intentará consolidarse como bloque opositor. Renovación Popular y los partidos medianos podrían convertirse en bisagras decisivas. Allí estará el verdadero campo de batalla: no solo en los discursos públicos, sino en las conversaciones por presidencias de comisiones, reformas constitucionales, fiscalización y reparto de poder interno.
Que no haya mayoría absoluta puede ser saludable si obliga a dialogar con responsabilidad. Pero también puede ser peligroso si abre paso a pactos de conveniencia, blindajes mutuos o alianzas sin principios. El país ya conoce esa historia: bancadas que prometen renovación y terminan negociando cuotas; partidos que hablan de democracia, pero actúan pensando en su supervivencia; políticos que confunden consenso con cálculo.
El nuevo Senado tendrá la oportunidad de demostrar si la bicameralidad puede mejorar la política peruana o si será apenas una réplica más costosa de sus viejos males.
Reflexión final
La ausencia de mayoría absoluta no es el problema. El verdadero problema sería que esa fragmentación se use para bloquear reformas, proteger intereses o debilitar instituciones. El Senado nace con una responsabilidad enorme: demostrar que negociar no es repartirse el poder, sino construir gobernabilidad con ética, transparencia y sentido de país. (Foto: LR).
