Elecciones 2026: Un millón de votos para pasar la valla electoral

La nueva regla electoral para el Senado ha puesto sobre la mesa una cifra tan contundente como inquietante: los partidos políticos deberán lograr alrededor de un millón de votos para pasar la valla electoral. El dato no es menor. En un país donde la representación política arrastra años de descrédito, improvisación y fractura entre electores y dirigentes, esta exigencia no solo mide fuerza partidaria; también desnuda la precariedad de un sistema que durante demasiado tiempo confundió organización con oportunismo electoral.

La bicameralidad ha regresado al Perú con una promesa de mayor reflexión legislativa y mejor equilibrio institucional. Sin embargo, detrás de esa promesa aparece una realidad menos solemne: la política nacional llega a esta nueva etapa sin haber resuelto su vieja enfermedad, la debilidad de los partidos. Exigir el 5% de los votos válidos sumados entre Senado nacional y Senado regional, además de conseguir tres escaños, equivale a pedir estructura, militancia, presencia territorial y capacidad real de movilización. Y allí comienza el problema: muchos partidos quieren poder nacional, pero apenas tienen arraigo prestado.

La cifra del millón de votos no solo será una barrera técnica; será una prueba moral y política. Obliga a distinguir entre organizaciones con base real y aquellas que sobreviven como vehículos de campaña, armados a la velocidad de una coyuntura electoral. Durante años, el país toleró partidos sin doctrina, sin cuadros, sin identidad y, en varios casos, sin más proyecto que conquistar una cuota de poder. Hoy el nuevo sistema les exige volumen. Pero el volumen electoral no siempre equivale a legitimidad, ni la capacidad de juntar votos garantiza un compromiso con la ética pública.

Más preocupante aún es lo que advirtió el especialista José Manuel Villalobos: candidatos al Senado o a Diputados podrían hacer campaña pensando solo en salvar su propia lista, incluso desligándose del destino de su candidato presidencial. Esa posibilidad revela el nivel de fragmentación al que ha llegado la política peruana. Ya no se trata siquiera de un partido con visión compartida, sino de candidaturas que compiten bajo un mismo logo, pero con intereses separados. El proyecto común se debilita y el cálculo individual se fortalece.

En otras palabras, la valla puede terminar mostrando una verdad incómoda: no solo hay partidos pequeños, hay partidos vacíos. Y eso, en una democracia golpeada por la corrupción, la inseguridad y la desconfianza ciudadana, resulta particularmente grave.

La exigencia de un millón de votos puede ordenar el tablero, pero no corregirá por sí sola la crisis de representación. Podrá filtrar a algunos improvisados, pero no garantiza la llegada de mejores actores.

Reflexión final
El Perú necesita reglas exigentes, sin duda. Pero necesita, sobre todo, partidos que merezcan el voto. Porque una valla alta puede seleccionar competidores, pero no purifica la política. Y si quienes la superan siguen arrastrando las mismas prácticas de siempre, el problema no habrá sido la cifra, sino la decadencia que logró atravesarla. (Foto: composición de Betsy De Los Santos / LR).

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