¿Hay con qué? Análisis de la derrota de Perú ante Senegal

La derrota de Perú ante Senegal en el debut de Mano Menezes no debería reducirse a una simple lectura de resultado ni al consuelo automático de que “recién empieza el proceso”. La pregunta de fondo es otra, más incómoda y mucho más seria: ¿hay realmente con qué competir? El partido dejó algunas señales tácticas atendibles, ciertos nombres jóvenes para seguir observando y una idea inicial de orden. Pero también volvió a exhibir una verdad que el fútbol peruano evita discutir con la crudeza necesaria: no basta con cambiar de entrenador cuando el problema principal está en la escasez de futbolistas de nivel internacional y en la ausencia de un proyecto estructural de largo plazo.

Mano Menezes es un técnico respetable. Tiene recorrido, jerarquía y experiencia en contextos de alta exigencia. Puede ordenar líneas, corregir movimientos, mejorar coberturas y darle cierta lógica a un equipo que venía golpeado. Pero ni siquiera un entrenador de ese nivel puede fabricar, por decreto, futbolistas competitivos para la élite. Allí está el núcleo del problema. En el Perú se sigue creyendo que el salvador siempre está en el banco, cuando la verdadera crisis está mucho antes: en la formación, en la infraestructura, en el ritmo de competencia, en la preparación física, en la lectura del juego y en la profesionalización integral del ecosistema.

Por eso conviene decirlo sin rodeos: podrían venir Guardiola, Arteta, Inzaghi, Ancelotti o Klopp, y el diagnóstico de fondo sería muy parecido. Quizá habría matices tácticos, mejoras puntuales o un orden más sofisticado. Pero sin jugadores de alta intensidad, sin recambio serio, sin laterales de nivel internacional, sin un ‘9’ determinante y sin una base de futbolistas habituados a competir en ligas exigentes, los resultados terminarían chocando con la misma pared. El entrenador influye, sí; pero no hace milagros cuando el material competitivo es insuficiente.

Ante Senegal eso quedó expuesto con nitidez. Perú pudo defender por momentos con dos líneas compactas y mostró algún esfuerzo por atacar por las bandas cuando el partido ya exigía soltar amarras. Sin embargo, la distancia física, la velocidad de ejecución, la potencia en los duelos y la capacidad para sostener intensidad marcaron diferencias evidentes. Y eso no se corrige en una semana de entrenamiento. Eso se construye durante años.

Lo más preocupante es que esta carencia no aparece de pronto. Viene incubándose hace tiempo. Desde la salida progresiva de figuras como Claudio Pizarro, Paolo Guerrero y Jefferson Farfán, la selección no ha encontrado reemplazos con el mismo peso competitivo ni con características capaces de marcar diferencia internacional. Se habla hace años de la necesidad de encontrar un ‘9’, y el problema sigue abierto. Pero sería ingenuo creer que la crisis se agota en el centrodelantero. También falta recambio en zonas claves, volumen físico, intensidad sostenida y una cultura de competencia más exigente.

Aun así, sería injusto negar las luces que dejó el partido. Erick Noriega confirma que puede ser una pieza seria en el mediocampo por personalidad, recuperación y claridad. Hay nombres que pueden sostener esperanza. Pero el talento aislado no alcanza cuando el sistema que lo rodea sigue siendo débil. El problema del fútbol peruano no es que no aparezcan jugadores; es que aparecen en un entorno que rara vez los potencia de forma integral.

Y ahí está el verdadero debate que el país futbolero debería asumir de una vez: el Perú necesita un Plan Integral del Fútbol al 2040. No un documento decorativo, sino una política seria, medible y sostenida. Se necesita visión de futuro, hoja de ruta, metas verificables, inversión real en infraestructura, centros de alto rendimiento, uso de ciencia del deporte, análisis de datos, tecnología aplicada, profesionalización dirigencial, formación de entrenadores, fortalecimiento de ligas y trabajo serio con niños desde los 10 años. Los países que hoy tienen selecciones y ligas de élite no llegaron allí por entusiasmo ni por azar. Llegaron por planificación, método, recursos y continuidad.

La derrota ante Senegal no debería provocar solo lamento. Debería provocar honestidad. Perú compite hoy con valentía intermitente, pero con recursos limitados frente a países que hace tiempo entendieron que el éxito no nace de la improvisación, sino de la estructura.

Reflexión final
La pregunta “¿hay con qué?” no se responde culpando al técnico de turno ni aferrándose a la nostalgia. Se responde mirando de frente la brecha que nos separa de los países competitivos y empezando a cerrarla desde ahora. Porque si el fútbol peruano no construye un proyecto serio, profesional y de largo plazo, seguiremos cambiando nombres en el banquillo para obtener casi el mismo desenlace en la cancha. (Foto: Carbe Peninsular).

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