En un mundo donde respirar aire limpio se ha convertido en una excepción más que en una garantía, el caso de Panamá merece una atención especial. El más reciente informe global de IQAir sobre la calidad del aire en 2025 concluyó que solo 13 países y territorios cumplieron con la guía anual de la OMS para partículas finas PM2,5, fijada en 5 microgramos por metro cúbico. Entre ellos, Panamá aparece como el único país soberano de América Latina que logró ubicarse en ese grupo.
El dato es relevante no solo por el reconocimiento que implica, sino por el contraste que expone. El mismo informe analizó 9.446 ciudades en 143 países, regiones y territorios, y encontró que apenas el 14% de las ciudades evaluadas cumplió con el umbral recomendado por la OMS. En otras palabras, la mayoría de la población urbana del planeta sigue expuesta a un aire con niveles de contaminación que afectan la salud respiratoria y cardiovascular. Panamá destaca, entonces, no en un escenario ideal, sino en uno globalmente deteriorado.
Sin embargo, conviene evitar una lectura triunfalista. Estar entre los países con aire más limpio no significa estar exento de riesgo ni tener resuelto el problema ambiental. La calidad del aire es una condición dinámica, sensible a incendios forestales, transporte, expansión urbana, actividad industrial y eventos climáticos extremos. El propio reporte de IQAir subraya que en 2025 los incendios y otros factores asociados al cambio climático deterioraron la situación en múltiples regiones, mientras el este de Asia completó un segundo año sin una sola ciudad dentro del estándar de la OMS.
Allí está, precisamente, la dimensión más útil de este resultado. Panamá no debería ser leído solo como una excepción estadística, sino como una advertencia para la región. América Latina todavía conserva espacios con mejores condiciones relativas que otras zonas del planeta, pero eso no garantiza inmunidad frente a una crisis atmosférica que ya es global. La presión del crecimiento urbano, los incendios forestales y la debilidad de los sistemas de monitoreo pueden revertir rápidamente cualquier ventaja comparativa si no existe una política sostenida de prevención, medición y control. Esa inferencia es consistente con el énfasis de la OMS en que reducir la exposición a PM2,5 es clave para disminuir enfermedad y mortalidad asociadas a la contaminación del aire.
Que Panamá figure como el único país latinoamericano entre los más limpios del mundo es una noticia positiva, pero también una señal de contraste incómodo para el resto de la región. El verdadero valor del dato no está en el ranking, sino en lo que obliga a preguntarse: por qué un recurso tan básico como el aire limpio se ha vuelto tan escaso a escala global.
Reflexión final
Respirar bien no debería ser un privilegio geográfico ni una rareza estadística. Si hoy Panamá destaca, la discusión de fondo no es solo cómo llegó allí, sino cuánto tiempo podrá sostenerlo y qué están dejando de hacer los demás países para que el aire limpio deje de ser excepción y vuelva a ser derecho. (Foto: El Cronista).
