Niño Godzilla: se intensificará el calor y crece el riesgo

El Perú vuelve a entrar en una zona de alarma climática, y esta vez no solo por las lluvias. La advertencia sobre un posible “Niño Godzilla” pone el foco en otro peligro igual de grave: el calor se intensificará y podría persistir hasta el invierno, en un país que ya llega golpeado por inundaciones, deslizamientos, damnificados y muertes. No estamos ante una curiosidad meteorológica ni ante un nombre llamativo para captar atención. Estamos frente a una advertencia seria sobre un fenómeno extremo que puede agravar una emergencia que el Estado, una vez más, parece mirar más por partes que como una crisis integral.

Los datos ya no admiten ligereza. El actual Niño costero deja más de 33.000 damnificados, más de 218.000 afectados y 68 fallecidos, mientras las precipitaciones siguen impactando regiones vulnerables como Áncash, Huánuco, Pasco y Cusco. Pero el problema no termina con el agua. Los especialistas advierten que el suelo ya está saturado, lo que incrementa el riesgo de huaicos, desbordes y deslizamientos incluso con lluvias menores. Es decir, el país no solo enfrenta más calor: enfrenta un territorio exhausto.

En este contexto, el llamado “Niño Godzilla” no suena exagerado, sino inquietantemente coherente con la realidad. Se trata de un episodio excepcionalmente intenso del fenómeno El Niño, asociado a lluvias torrenciales, inundaciones, sequías y aumento de la temperatura del mar. El ingeniero Luis Vásquez, del ENFEN, advierte que el Niño costero continuará y podría intensificarse en los próximos meses, mientras el otoño y el invierno serán ligeramente más cálidos de lo habitual. A esto se suma la alerta de calor extremo para Semana Santa, con temperaturas de hasta 37 °C en la costa. El mensaje es claro: el país no saldrá pronto de esta presión climática.

Lo más preocupante es que el Perú no enfrenta esta amenaza desde la previsión, sino desde la costumbre del daño. Se identifican riesgos, se emiten comunicados, se exhorta a la población a mantenerse alerta, pero el patrón de fondo persiste: la prevención sigue siendo más débil que la emergencia. Y cuando un Estado sabe que el suelo está saturado, que el calor aumentará y que el riesgo de huaicos sigue latente, no basta con advertir. Tiene que intervenir con más rapidez, más coordinación y menos burocracia.

Porque aquí no se juega solo una temporada difícil. Se juega la vida de miles de personas en zonas donde el cambio del clima no llega como dato científico, sino como barro, colapso, pérdida de vivienda y enfermedad. La leptospirosis, por ejemplo, encuentra en estas condiciones un terreno ideal para expandirse. El calor y la lluvia no son fenómenos aislados: forman parte de una cadena de vulnerabilidad que el país sigue atendiendo demasiado tarde.

El “Niño Godzilla” no solo advierte que se intensificará el calor. Advierte que el Perú podría entrar a una etapa más dura de una crisis que ya cobra vidas y desborda capacidades. Y si el Estado vuelve a reaccionar cuando el impacto ya esté encima, no podrá decir que no fue advertido.

Reflexión final
En el Perú, demasiadas veces el desastre no sorprende: se repite. Y cuando las alertas existen, los riesgos están identificados y aun así la respuesta sigue siendo débil, el problema deja de ser únicamente climático. Se convierte también en una expresión de abandono. Porque la naturaleza golpea, sí; pero la desprotección estatal termina de hacer el resto. (Foto: El Popular).

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