Más de 30 casos del virus Coxsackie en Lambayeque no deberían tratarse como una alarma menor. La enfermedad “mano, pie y boca”, que afecta principalmente a niños menores de cinco años, ha encendido preocupación en distritos como Chiclayo, Santa Rosa, La Victoria y Chongoyape. Incluso, una institución educativa de Santa Rosa suspendió clases presenciales y pasó a la virtualidad para proteger a cerca de 500 alumnos. Cuando un virus obliga a cerrar aulas, el mensaje es claro: la prevención llegó tarde.
El Coxsackie suele ser una infección autolimitada, pero eso no significa que sea inofensiva para la dinámica familiar y escolar. Fiebre, dolor de garganta, llagas en la boca, ampollas en manos y pies, irritabilidad y malestar general pueden afectar seriamente a los menores. Además, su alta capacidad de contagio convierte a colegios, guarderías y hogares en espacios vulnerables si no existen medidas básicas de higiene.
Aquí aparece la parte incómoda. Las recomendaciones son conocidas: lavado frecuente de manos, hidratación, reposo, evitar automedicarse y no exponer a los niños enfermos en lugares públicos. Pero el problema es que el Perú suele convertir la prevención en discurso y la emergencia en costumbre. Se pide higiene, pero muchos colegios no tienen baños adecuados, agua suficiente, jabón permanente ni supervisión sanitaria constante. Se exige responsabilidad a los padres, pero las autoridades no siempre garantizan condiciones mínimas para cortar la cadena de contagio.
No se trata de generar pánico. Se trata de dejar de minimizar. Una enfermedad infantil que se propaga rápido necesita respuesta rápida: comunicación clara, vigilancia diaria en aulas, desinfección de ambientes, aislamiento temporal de casos, orientación médica y coordinación entre salud y educación. Si cada colegio actúa por intuición y cada familia por su cuenta, el virus gana terreno.
El brote de Coxsackie en el norte debe ser una advertencia sanitaria y política. La salud infantil no puede depender de comunicados tardíos ni de medidas improvisadas cuando los contagios ya están instalados. Prevenir no es cerrar aulas después del caso confirmado; prevenir es evitar que el brote llegue a ese punto.
Reflexión final
Cuando un virus pequeño revela fallas grandes, el país debería escuchar. El Coxsackie pasará, como suele pasar. Lo que no puede seguir pasando es la negligencia disfrazada de normalidad. Porque si proteger a los niños exige recién suspender clases para tomar en serio la higiene, entonces la verdadera enfermedad del sistema sigue siendo el descuido. (Foto: El Popular).
