El 32% cree que el Congreso bicameral será igual al actual

El 32% de peruanos cree que el nuevo Congreso bicameral será igual al actual, según la encuesta del Instituto de Estudios Peruanos. El dato no es menor: refleja una desconfianza instalada frente a una institución que, durante años, ha acumulado cuestionamientos por blindajes políticos, reformas convenientes, leyes discutibles y una preocupante distancia con las urgencias del país. La bicameralidad prometía mejorar la representación; sin embargo, para una parte importante de la ciudadanía, el cambio de estructura no garantiza un cambio de conducta.

La encuesta muestra un panorama dividido: 29% considera que el nuevo Congreso será mejor, otro 29% cree que será peor y 9% no expresa opinión. Pero el dato más revelador aparece entre los jóvenes de 18 a 29 años: 42% piensa que todo seguirá igual. Esa percepción juvenil no debe leerse como simple apatía, sino como una señal de cansancio frente a una política que promete renovación, pero reproduce prácticas conocidas.
También en los sectores A y B, el 42% cree que no habrá cambios, mientras que entre quienes tienen educación superior el 38% comparte esa misma percepción. Es decir, la desconfianza no se concentra en un solo grupo: atraviesa generaciones, niveles educativos y sectores sociales.

La bicameralidad puede ser una herramienta útil cuando existe cultura democrática, partidos sólidos y vocación de control institucional. Pero en un sistema político débil, fragmentado y acostumbrado al cálculo de corto plazo, dos cámaras no garantizan mejor democracia. Pueden, incluso, duplicar los espacios de negociación opaca si no existen reglas claras, transparencia y rendición de cuentas.

Ese es el temor ciudadano. No se rechaza necesariamente la bicameralidad como diseño institucional; se desconfía de quienes la ocuparán. El problema no es solo tener diputados y senadores. El problema es que los viejos vicios —blindajes, repartijas, leyes con nombre propio, intereses particulares y confrontación estéril— puedan mudarse cómodamente a un Congreso ampliado.

La percepción de continuidad también se alimenta de hechos recientes. Un Congreso que ha sido visto por amplios sectores como una institución más preocupada por proteger cuotas de poder que por resolver los problemas urgentes de seguridad, salud, educación y empleo no puede pretender que la ciudadanía le otorgue confianza automática.

Desde esta tribuna, la advertencia es clara: el nuevo Congreso bicameral no puede limitarse a cambiar de formato. Debe cambiar de conducta. Si sus integrantes creen que la bicameralidad es una oportunidad para ampliar privilegios, blindar intereses o multiplicar espacios de presión política, habrán confirmado el peor temor ciudadano.
La confianza no se decreta. Se gana con decisiones: legislando para el país, fiscalizando sin chantaje, respetando el equilibrio de poderes y renunciando a la costumbre de convertir la representación popular en negocio político.

Que el 32% crea que el nuevo Congreso será igual al actual es una advertencia democrática. El país no está entusiasmado; está vigilante. La bicameralidad puede ser una oportunidad para elevar el nivel institucional o convertirse en la repetición ampliada del desprestigio.
Si el nuevo Parlamento no corrige los vicios del actual, el Perú no tendrá una reforma política. Tendrá el mismo problema, pero con dos cámaras.(Foto: El Peruano).

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