A 15 habría subido el número de peruanos muertos en la guerra entre Rusia y Ucrania, según informó el abogado Percy Salinas, representante de familias afectadas. La cifra golpea porque no se trata de combatientes profesionales en misión oficial ni de ciudadanos plenamente informados sobre los riesgos. De acuerdo con las denuncias, muchos fueron captados con falsas promesas de trabajo, llevados a Rusia y enviados al frente de batalla. El empleo prometido terminó convertido en una sentencia de muerte.
Este caso revela una forma cruel de explotación: usar la necesidad económica como anzuelo. A los peruanos se les habría ofrecido dinero, contratos y supuestas labores de seguridad o apoyo. Pero, según familiares, al llegar les quitaron documentos, perdieron comunicación y terminaron atrapados en una guerra ajena. Solo una minoría tendría experiencia militar o policial; la mayoría serían civiles sin preparación para un campo de batalla.
La indignación no puede quedarse en el lamento. Si ya se reportan 15 fallecidos y otros casos por confirmar, el Estado peruano tiene que actuar con mucha más firmeza. Cancillería debe exigir información oficial a Rusia, ubicar a los desaparecidos, asistir a los heridos, repatriar a quienes lograron escapar y recuperar los cuerpos de los fallecidos. No basta con comunicados sobrios cuando hay familias esperando saber si sus hijos, esposos o hermanos siguen vivos.
También corresponde investigar en el Perú. ¿Quién los reclutó? ¿Qué empresas, intermediarios o redes participaron? ¿Cómo salieron del país tantos ciudadanos bajo una modalidad similar sin mayor alerta? Si hubo captación engañosa, debe haber responsables penales. La pobreza no puede seguir siendo terreno libre para quienes venden promesas y entregan tragedias.
La muerte de 15 peruanos en una guerra extranjera no es solo una noticia internacional. Es una denuncia contra el abandono, la informalidad y la falta de protección del Estado. Cada caso exige verdad, repatriación, justicia y reparación para las familias afectadas.
Reflexión final
Estos peruanos no murieron solo por una guerra lejana; murieron también por una cadena de engaños y vulnerabilidad que empezó mucho antes de llegar a Rusia. Cuando un país no ofrece oportunidades dignas, otros aparecen con ofertas imposibles. Y allí, entre la necesidad y la mentira, también se pierde la vida. (Foto composición: lacajanegra.blog).
