La decisión de sancionar a las motocicletas eléctricas que circulen por ciclovías desde agosto marca un punto de inflexión en el creciente desorden vial que se ha apoderado de muchas ciudades del país. Durante años, estos espacios destinados a proteger a ciclistas y usuarios de movilidad ligera fueron invadidos por vehículos motorizados ante la pasividad de las autoridades y la falta de una fiscalización efectiva.
La medida anunciada por la Policía Nacional no solo busca imponer multas. También representa un intento por recuperar el principio básico de toda convivencia urbana: el respeto a las reglas.
Las ciclovías nacieron para brindar seguridad a quienes utilizan bicicletas como medio de transporte o recreación. Sin embargo, la expansión acelerada de las motocicletas eléctricas creó una zona gris que terminó perjudicando precisamente a quienes estas vías buscaban proteger.
El problema no es la tecnología. La movilidad eléctrica constituye una alternativa moderna y sostenible que puede contribuir a reducir la contaminación y mejorar la calidad de vida en las ciudades. El problema aparece cuando la innovación avanza más rápido que la regulación y cuando algunos usuarios interpretan que la ausencia de combustible equivale a la ausencia de obligaciones.
Las motocicletas eléctricas son vehículos motorizados. Por esa razón deben contar con placa, SOAT, licencia de conducir y circular por la pista, tal como lo establece la normativa vigente. Permitir que compartan espacios con bicicletas no solo genera conflictos de tránsito, sino que incrementa el riesgo de accidentes para los usuarios más vulnerables.
Lo preocupante es que esta situación se haya prolongado durante tanto tiempo. Las autoridades conocían el crecimiento del parque de vehículos eléctricos y aun así la fiscalización llegó tarde. Una vez más, el Estado parece reaccionar cuando el problema ya se encuentra instalado en las calles.
Esta falta de anticipación no es un hecho aislado. Forma parte de una cultura institucional donde la regulación suele correr detrás de los cambios sociales y tecnológicos. Primero aparece el vacío normativo, luego el desorden y finalmente las sanciones.
La consecuencia es que miles de ciudadanos terminan acostumbrándose a incumplir reglas que durante años nadie hizo respetar.
La decisión de sancionar a quienes utilicen motocicletas eléctricas en ciclovías es correcta y necesaria. Recuperar estos espacios para el uso exclusivo de bicicletas y scooters ayudará a mejorar la seguridad y el orden urbano.
Reflexión final
Las ciudades modernas no necesitan más normas en el papel, sino autoridades capaces de hacerlas cumplir y ciudadanos dispuestos a respetarlas. Las ciclovías fueron construidas para proteger vidas, no para convertirse en territorios sin control. Cuando el respeto por las reglas desaparece, el riesgo se convierte en el verdadero dueño de las calles. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).
