El próximo gobierno todavía no empieza y ya carga una mochila pesada: la desconfianza. Según la última encuesta de Datum Internacional para El Comercio, el 45% de peruanos considera que la gestión que viene será igual o peor que la que termina. Traducido al idioma de la calle: Casi la mitad del país no espera renovación, espera repetición; no ve promesa, ve riesgo; no compra discursos, exige pruebas.
La cifra debería preocupar a cualquier gobierno entrante con sentido de realidad. Un 42% cree que la próxima administración será mejor, pero un 25% piensa que será igual y un 20% que será peor. Además, 13% no sabe qué esperar. Es decir, antes de la juramentación, la ciudadanía ya está con el ceño fruncido y la paciencia en modo ahorro. No es pesimismo gratuito: es memoria política. El Perú ha visto demasiados gabinetes inaugurales, demasiadas promesas solemnes y demasiadas crisis servidas con banda presidencial.
La encuesta también muestra que la inseguridad ciudadana será el gran examen. El 73% considera que combatir la delincuencia debe ser la principal prioridad del próximo Ejecutivo. Y no es para menos. Mientras la política habla de consensos, repartos, nombres y equilibrios internos, la calle vive entre extorsiones, asaltos, miedo y negocios que bajan la reja antes de tiempo. El ciudadano no necesita otro discurso de “mano dura” para la foto; necesita una estrategia que funcione.
El sondeo plantea además una exigencia elemental: un gabinete con capacidad técnica. Parece obvio, pero en el Perú hasta lo obvio se vuelve revolucionario. La gente ya no quiere ministros decorativos, cuotas partidarias ni improvisados con buena sonrisa y mala gestión. Quiere funcionarios que conozcan el Estado, que sepan ejecutar presupuesto, que enfrenten la corrupción y que entiendan que gobernar no es aprender en el cargo mientras el país paga la matrícula.
La ficha técnica indica que el estudio fue realizado por Datum Internacional S.A. para El Comercio, con trabajo de campo del 3 al 5 de julio de 2026, a 1.200 hombres y mujeres de 18 a 70 años en zonas urbanas y rurales del país, con margen de error de ±2,8% y nivel de confianza de 95%.
El próximo gobierno no tiene luna de miel garantizada. Tiene una ciudadanía vigilante, golpeada y cansada de promesas recicladas. Si quiere confianza, tendrá que producir resultados.
Reflexión final
El Perú no está condenado al fracaso, pero tampoco está dispuesto a creer por obligación. La esperanza ya no se regala: se gana con seguridad, honestidad, gestión y respeto ciudadano. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).
