Keiko Fujimori afirma que recibirá un Estado “de manera catastrófica” y que los primeros informes de transferencia son “desoladores”. El diagnóstico puede ser correcto. Lo que resulta difícil de aceptar es la conveniente amnesia política con la que ahora se presenta el deterioro nacional, como si Fuerza Popular hubiera sido una espectadora inocente durante los últimos años. No lo fue. Su bancada votó, sostuvo, bloqueó y decidió en momentos decisivos de la crisis.
La presidenta electa denuncia obras paralizadas, hospitales inconclusos, abandono estatal y una administración pública debilitada. Sin embargo, omite recordar que su partido integró las mayorías que respaldaron las vacancias de Pedro Castillo y Dina Boluarte, dos gobiernos a los que ahora incluye dentro del balance catastrófico. También evita explicar por qué Fuerza Popular defendió la continuidad de José Jerí cuando su gestión estaba cuestionada por investigaciones y contrataciones controvertidas.
La contradicción no es un detalle de archivo. Es el retrato de una política que participa en la construcción del problema y después se ofrece como su solución. Cuando convenía retirar presidentes, Fuerza Popular votó por la vacancia. Cuando convenía sostener a uno, votó contra su salida. Ahora, desde la antesala del poder, pretende marcar distancia de todos los gobiernos anteriores y colocar la responsabilidad únicamente en quienes ocuparon Palacio.
El Congreso no fue una oficina de espectadores. Durante años aprobó leyes, censuró ministros, condicionó gabinetes, repartió cuotas, protegió intereses y administró su propia agenda. Fuerza Popular tuvo influencia decisiva en ese parlamento. Por eso, denunciar hoy el fracaso del Estado sin reconocer la responsabilidad compartida es una maniobra discursiva demasiado cómoda.
Resulta necesario conocer la situación real de hospitales, obras públicas, seguridad y prevención ante el fenómeno de El Niño. Pero esos informes no deben utilizarse como escenografía para construir un relato de salvación. La transparencia empieza por contar todo: lo que hicieron los gobiernos y también lo que hicieron las bancadas que los vacaron, sostuvieron o debilitaron.
Keiko Fujimori tiene derecho a cuestionar la herencia que recibirá. Lo que no puede hacer es borrar el historial parlamentario de su partido y presentarse como ajena al deterioro institucional que ahora denuncia.
Reflexión final
La memoria selectiva también es una forma de irresponsabilidad política. Gobernar exige reconocer errores, no esconderlos bajo nuevos discursos. Quien promete reconstruir el Estado debería empezar por admitir cuánto contribuyó su propio partido a dejarlo en ruinas. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).
