Tres caminos cercan a Infantino tras el naufragio de su proyecto

Gianni Infantino quiso convertir la explotación comercial del fútbol mundial en una estructura abierta al capital privado y terminó provocando la mayor crisis política de su presidencia. El proyecto FIFA Forward Enterprise se hundió después del rechazo de UEFA, Concacaf y la Confederación Asiática, que reunieron fuerza suficiente para volverlo inviable.

La FIFA retiró la propuesta, pero el problema no desapareció con un comunicado. Quedaron expuestos el secretismo, la improvisación y una forma de gobernar que confundió liderazgo con obediencia. Ahora se abren tres caminos que podrían poner fin a una etapa iniciada en 2016.

El primero es la renuncia voluntaria. Sería la salida más rápida, pero también la menos probable para un presidente acostumbrado a presentar cada retroceso como una demostración de consenso. Infantino sostiene todavía cruciales alianzas dentro de las 211 asociaciones, aunque ya perdió la imagen de dirigente inexpugnable.

El segundo camino depende del Consejo de la FIFA, compuesto por 37 integrantes. Una mayoría podría impulsar una reunión extraordinaria y exigir responsabilidades políticas. Sin embargo, muchos de sus miembros forman parte del mismo sistema de acuerdos, cargos y dependencias económicas que permitió crecer al presidente. Pedirles una rebelión equivale a esperar que la corte fiscalice al monarca que distribuye las llaves del palacio.

La tercera ruta sería un Congreso Extraordinario y una eventual moción de censura. Según la información publicada por The Times y recogida por La Razón, 43 asociaciones podrían promover el proceso, mientras una mayoría de 106 votos sería necesaria para destituirlo. No sería sencillo, pero la rebelión ya demostró que Infantino puede ser derrotado cuando las federaciones dejan de actuar como beneficiarias agradecidas y comienzan a comportarse como órganos de gobierno.

La controversia adquiere mayor gravedad por otra revelación: fuentes citadas por The Times aseguraron que Infantino podía terminar dirigiendo la nueva empresa con un salario anual de 30 millones de dólares. La FIFA niega que esa posibilidad fuera discutida. Su remuneración oficial, según el informe de 2025, fue inferior, aunque igualmente millonaria.

Infantino perdió el proyecto, pero todavía no perdió el cargo. La próxima batalla puede librarse mediante una renuncia, una intervención del Consejo o una censura en el Congreso. También podría llegar a las elecciones de 2027 debilitado y enfrentado a una candidatura alternativa.

Reflexión final
El problema ya no es únicamente quién presidirá la FIFA. Es decidir si el fútbol seguirá gobernado mediante consultas reales o por proyectos cocinados en círculos reducidos y ofrecidos después como hechos consumados.

Infantino quiso abrir una empresa para asegurarse un futuro. Terminó abriendo tres puertas hacia su salida.

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