Gianni Infantino dejó de parecer invulnerable. El fracaso de FIFA Forward Enterprise, su proyecto para abrir parte del negocio del Mundial al capital privado, quebró la imagen de unanimidad que habÃa construido desde 2016. UEFA, Concacaf y la Confederación Asiática rechazaron la propuesta, mientras federaciones como Gales e Inglaterra comenzaron a retirarle el respaldo.
La crisis ya no gira únicamente alrededor de una iniciativa financiera derrotada. Ahora se discute quién puede ocupar la presidencia de la FIFA en 2027. Cuando seis nombres empiezan a circular con fuerza, el mensaje polÃtico es claro: el relevo dejó de ser una especulación y comenzó a convertirse en escenario.
Aleksander Ceferin aparece como el adversario institucional más visible. El presidente de la UEFA encabezó la resistencia europea y representa a quienes reclaman mayor transparencia, consulta y equilibrio en la toma de decisiones. Su fortaleza es polÃtica; su dilema, abandonar el poder continental para ingresar a una batalla global.
Nasser Al-Khelaifi simboliza la influencia económica de los grandes clubes europeos. Preside el Paris Saint-Germain y posee una extensa red de relaciones dentro del negocio internacional. Precisamente por eso, una eventual candidatura también despertarÃa preguntas sobre conflictos de interés y concentración de poder.
VÃctor Montagliani podrÃa ser la figura más sólida fuera de Europa. El presidente de Concacaf capitalizó el rechazo al proyecto de Infantino sin recurrir a una ruptura total con la FIFA. Su perfil combina experiencia institucional, ambición conocida y capacidad para construir alianzas.
Salman bin Ibrahim Al Khalifa representa el creciente peso de Asia. La AFC dejó de actuar como apoyo automático de Infantino y exigió revisar la gobernanza. Sin embargo, su candidatura tendrÃa que demostrar que no busca reemplazar una red de dependencias por otra.
Dariusz Mioduski aparece como una alternativa europea menos desgastada. Su experiencia jurÃdica y empresarial podrÃa atraer a federaciones que desean renovación sin apostar por las figuras más polarizantes.
Arsène Wenger completa la lista como la opción de mayor prestigio deportivo. Su trayectoria y su trabajo dentro de la FIFA le conceden conocimiento técnico, aunque su cercanÃa con la actual administración podrÃa convertirse en una pesada contradicción.
Los seis nombres revelan que Infantino ya no controla completamente el tablero. Pero una sucesión no garantiza una reforma. La FIFA podrÃa cambiar de presidente y conservar intactos los mismos mecanismos de poder, dependencia financiera y escasa fiscalización.
Reflexión final
La verdadera disputa no debe reducirse a quién reemplazará a Infantino, sino a qué FIFA recibirá el sucesor. Si no existen lÃmites de mandato efectivos, transparencia financiera, controles independientes y rendición de cuentas, el relevo será apenas una mudanza de despacho.
Infantino pierde respaldo y seis candidatos preparan el terreno. El fútbol debe exigir algo más que nuevos nombres: reglas capaces de impedir que el próximo presidente vuelva a confundirse con el dueño de la institución. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).
